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La nueva era de las redes sociales y los artistas: ya no te cuentan su vida como antes

 09 agosto, 2026

Los perfiles de Instagram se profesionalizan y los contenidos más personales se limitan ante los riesgos que las estrellas de la cultura perciben al compartir sus reflexiones más personales

Rosalía parecía estar viviendo su mejor verano hasta el 22 de julio cuando compartió un vídeo en su cuenta de Instagram que cambió, hasta cierto punto, el estricto guion que cumple desde que publicó su disco Lux. La artista cantaba los goles de España en el Mundial sentada en las gradas al lado de Penélope Cruz y Javier Bardem a ritmo de su canción Despechá; iniciaba su gira por América Latina con el adelanto del que parece que será su nueva canción; hasta que ese día reposteó un vídeo crítico con la selección argentina que provocó un aluvión de rabia e indignación en redes sociales de sus fans de ese país. La cantante, como ha hecho en otras ocasiones, pidió perdón por la misma vía y después lo hizo en uno de los conciertos que ha dado en Buenos Aires. Casi al mismo tiempo, Ariana Grande anunció que cuando termine la gira en la que está inmersa se alejará de “la atención pública” agotada por la fiscalización de su físico a través de mensajes directos en sus cuentas. Mientras tanto, Miguel Ríos, 82 años, más de medio siglo de carrera, con una relación estrictamente profesional con las redes, solventó en pocos segundos una posible polémica cuando un asistente a un concierto le gritó que no hiciera política sobre el escenario. “¿Cómo voy a callarme? Soy un ser político”, respondió y zanjó la cuestión en todas las dimensiones de la realidad que habitamos.

Estos son solo tres casos recientes que ejemplifican la nueva era en la que se encuentra la breve historia de la relación entre las redes sociales y las estrellas de la cultura. Tras unos años en los que se había generado una ficticia percepción de que cualquier persona tenía acceso directo y, por tanto, casi una relación personal con sus ídolos; los grandes nombres de la industria cultural levantan nuevos muros para limitar esta entrada a su vida privada en un medido ejercicio de control de daños.

“La autenticidad es el dorado de los artistas del siglo XXI y todos quieren vender una que es muy blanquecina, muy anodina y que no levante ampollas”, dicen Yeray S. Iborra y Oriol Rodríguez, periodistas expertos en cultura popular y autores de Buscando a Rosalía. La promesa, la voz, la empoderada, la Motomami, la Santa (Libros del Kultrum), en el que analizan la compleja, y a menudo enigmática, trayectoria de una artista de la que apenas hay bibliografía. “Cuando Rosalía sale con la bandera y la bufanda española tiene una connotación ideológica y política. Cuando hace algo que suscita la mínima polémica, como puede ser herir los sentimientos de sus seguidores argentinos, al momento se retrae de ello y ya está. Esa es una autenticidad muy artificiosa, con lo cual no es autenticidad. Al mismo tiempo está bien que una persona como Rosalía haga pedagogía sobre que no tenemos que tenerlo todo tan claro”, opinan. “Esa espontaneidad ahora se vincula más a TikTok donde los vídeos parecen menos profesionales y más rápidos”, añade Gemma San Cornelio, directora de los Estudios de Información y Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya.

En los últimos años se ha pasado de compartir una supuesta intimidad espontánea que incluía no solo vídeos y fotos privadas, también reflexiones de cualquier tipo de unas personas a las que solo se podía conocer —y con matices— a través de entrevistas; a una intimidad mediada por ejércitos de publicistas y consultores de comunicación que idean estrategias que dosifican y miden estos contenidos. Además, están en la tarea, con los mismos artistas, de gestionar no solo sus cuentas, sino todos esos vídeos e imágenes que comparten otros usuarios, a los que premia el algoritmo y los que, a fin de cuentas, acaban apareciendo de manera recurrente en los schroleos infinitos de cualquier usuario, apunta San Cornelio.

Ya en 2023, un grupo de investigadores publicaron el informe Presentation of celebrities’ private life through visual social media (Presentación de la vida privada de los famosos a través de las redes sociales visuales), en la revista académica Journal of Business Research, en el que analizaban las cuentas de 1.437 celebridades y más de 350.000 publicaciones de Instagram. Concluyeron que “a medida que avanza su carrera, las estrellas publican proporcionalmente más contenido profesional”. Lo denominan una evolución en forma de U invertida entre contenido privado y popularidad. “Compartir cierta intimidad ayuda, pero demasiada exposición deja de ser eficaz”, plantearon asumiendo una consecuencia: “Publican menos contenido privado que maximizaría su popularidad”. O lo que en el lenguaje digital se denomina que se arriesgan a que les baje el engagement, es decir, que se vaya reduciendo esa multitudinaria base de seguidores que no hubieran conseguido aglutinar solo con entrevistas a pie de alfombra roja o promociones de prensa.