Y el Real logró que su “Baile de máscaras” acabase en paz

24 de septiembre de 2020
Y el Real logró que su “Baile de máscaras” acabase en paz

Madrid, 24 sep (EFE).- Esta vez sí, Giuseppe Verdi volvió a sonar en paz hoy en el Teatro Real sofocados los motivos que el pasado domingo llevaron a la suspensión de “Un ballo in maschera”, con el que se estrena la incierta temporada 20/21 del coliseo operístico madrileño en plena pandemia de COVID-19.

No ha habido por tanto ni gritos de “fuera, fuera” ni pataleo entre los espectadores que este miércoles han disfrutado con premeditada distancia entre ellos de una partitura que, curiosamente, aludía en origen al vuelco del orden a través del regicidio de Gustavo III de Suecia mientras disfrutaba de un baile de máscaras (el que da nombre a la obra).

A diferencia de lo que sucedía hace tres días, las butacas del Real arrojaban un nuevo paisaje, fruto de la decisión anunciada ayer de limitar a un 65 por ciento el aforo en todas las zonas y no al total de las localidades disponibles, como se hizo el pasado fin de semana ateniéndose a que “la actual normativa no obliga a respetar el metro y media de distancia entre espectadores”.

Precisamente por ello, muchos de ellos -especialmente los de la zona más alta, la del gallinero- descubrieron el domingo que habrían de disfrutar las casi tres horas de espectáculo codo con codo con absolutos desconocidos y la indignación individual se tornó en una súbita revolución colectiva que obligó a suspender la función.

“Después de la reubicación de una gran parte de los espectadores que protestaban, y de dos intentos de interpretar la ópera por parte del director de orquesta y de todos los artistas y técnicos que participaban en la función, un reducidísimo grupo insistió en proseguir con sus protestas para boicotear la representación, por lo que la misma tuvo que suspenderse, cerca de las 21:10 horas”, señaló la versión oficial del Teatro Real.

Para atajar nuevos motines, que el domingo desembocaron en una investigación de oficio del Defensor del Pueblo, se incorporó esta nueva medida, que se ha sumado al resto del protocolo de seguridad sanitaria en un clima enrarecido en el mundillo que ha llevado por ejemplo hoy mismo a la Metropolitan Ópera de Nueva York a anunciar que sus puertas seguirán cerradas otro año más.

En Madrid, curándose en salud, no han faltado alfombras desinfectantes, gel hidroalcohólico, oferta de mascarillas ni medición de temperatura en todos los accesos al teatro o áreas de movilidad limitadas dentro del edificio, que ha visto además cómo se incrementaba el número de baños y barras para evitar aglomeraciones.

A algunas de las personas que ya habían adquirido sus entradas para hoy se les ofreció anticipadamente la reubicación de sus localidades o la devolución del importe íntegro de sus billetes, posibilidad esta contemplada también para los espectadores con residencia en las zonas confinadas por la Comunidad de Madrid.

A resultas de todo ello, la organización ha informado de que la ocupación total ha sido esta vez del 45,67% del aforo (804 entradas), frente al 51% y más de 900 entradas del día de la polémica.

Así pues, con todo en orden y en silencio el patio de butacas del Real, a las 20 horas ha dado comienzo el citado melodrama en tres actos que se representó por primera vez en Roma en 1859 y que en Madrid no se estrenó hasta dos años más tarde.

Con el maestro Nicola Luisotti al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real, en su vuelta a la capital española se ha utilizado la producción firmada por Gianmaria Aliverta para el Teatro La Fenice de Venecia.

Como es sabido, la época en la que se iba a estrenar “Un ballo in maschera”, con un atentado frustrado de tres nacionalistas italianos contra el emperador Napoleón III cuando iba precisamente camino de la ópera, afiló las uñas de la censura y obligó a los autores de esta partitura a retocar los paralelismos más evidentes con la realidad.

El libreto en italiano de Antonio Somma, basado a su vez en el de Agustin Eugène Scribe Locle para la ópera “Gustave III, ou le bal masqué” de Daniel Auber, terminó trasladando la acción al supuestamente más inocuo y lejano EE.UU. de Abraham Lincoln, lo que dio para poner el acento también en cuestiones raciales.

Con los años, especialmente en lo que llevamos de siglo XXI, se convirtió en una de las óperas más representantas del repertorio de Verdi, quizás también por ser una de las más asequibles para el gran público, que también esta noche en Madrid ha parecido disfrutar de ella merced a los aplausos.

Con Michael Fabiano y Anna Pirozzi en los papeles protagonistas de Riccardo y Amelia, el baile ha llegado a su final como estaba estipulado, con disparos sobre el escenario, pero con la fiesta en calma en el patio de butacas. EFE

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