Una cocina en un gueto judío, el corazón primigenio del imperio Rothschild

26 junio, 2019
Una cocina en un gueto judío, el corazón primigenio del imperio Rothschild

Madrid, 26 jun (EFE).- Aunque Rothschild es sinónimo de riqueza extraordinaria, los orígenes de su imperio están en un gueto de Fráncfort, una calle donde se hacinaban a finales del siglo XVIII 3.000 judíos. Y su corazón fue Gútale Rothschild, una mujer que vivió desde su cocina el ascenso de su familia hasta lo más alto.

Es la historia de “El amor de la señora Rothschild”, de la escritora israelí Sara Aharoni, que quiso contar el origen de una familia determinante en la historia de Europa y los detalles de la construcción de su fortuna a través de los ojos de Gutále, la esposa del fundador y madre de los vástagos que expandieron su negocio, explica la autora a Efe.

Es 1770 y desde su ventana en el gueto amurallado de Frankfurt donde están recluidos los judíos, por orden del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, la joven Gútale registra en su diario la vida cotidiana de la Judengasse, la calle de los judíos, angosta y oscura y sucia.

Desde allí se enamora del joven Meir Amschel Rothschild, propietario de un pequeño negocio de artículos de segunda mano que comienza a vender monedas de gran valor que encuentra gracias a su gran olfato para los negocios, lo que le permite establecer importantes relaciones comerciales y políticas con las altas esferas de la sociedad.

Estos tratos, en especial el que forja con Luis XVI, le facilitarán sentar las bases de lo que se convertirá en el futuro imperio financiero de los Rothschild.

Sara Aharoni, una maestra nacida en Israel en 1953, buscaba información sobre los asentamientos judíos puestos en marcha por la familia Rothschild para una serie de libros sobre Israel que publicaba con su marido. Y al investigar sobre la historia de esta dinastía, se dio cuenta de que lo que quería hacer era una novela sobre su fundador pero a través de los ojos de su mujer, Gútale.

Durante sus investigaciones, relata a Efe, descubrió que se había escrito mucho sobre el fundador y sus cinco hijos pero muy poco sobre la madre y sus cinco hijas. Profundizó en sus estudios y fue reuniendo pequeñas piezas de información: “cada una de esas piezas era como un diamante para mí”.

“Cuando reuní suficientes diamantes construí el rompecabezas de Gútale, una mujer modesta, generosa y sabia”, indica la escritora sobre esta esposa y madre que nunca quiso salir de su casa del “callejón” de los judíos cuando sus hijos ya poseían propiedades y palacios por toda Europa.

Una madre que enviaba a Londres camisas hechas en el Judengasse a su hijo que ya era muy rico “para recordarle de dónde procedía”, ya que estaba preocupada porque él había conectado con la alta sociedad “y mostraba síntomas de vanidad”.

Además de su trabajo como ama de casa con diez hijos, la mujer del fundador del imperio llevaba en ocasiones los trabajos de contabilidad del floreciente negocio de su marido, que se encontraba continuamente viajando.

La autora ha colocado así a esta mujer en el centro de la novela a través de las anotaciones que escribe en sus diarios desde que su prometido se compromete a hacer dinero, ya que para él era una forma de conseguir honor para su familia y la comunidad judía, y a sacar a los judíos del gueto.

En su cocina de la Judengasse se hablaba de todos los acontecimientos mundiales de la época, ya que la familia, a través de sus operaciones mercantiles y financieras, intervino en los procesos de paz y guerra de ese siglo, indica la escritora.

Aharoni recuerda que en uno de sus viajes para documentarse sobre la novela visitó en París una gran sinagoga construida por los descendientes de sus protagonistas. Y el rabino le propuso presentarle al barón David de Rothschild.

Aunque la idea de conocerle fue muy emocionante para ella, respondió que prefería posponer la ocasión hasta que el libro estuviese publicado.

“No quería que nadie de la familia Rothschild me pudiera influir en la novela y me dijera lo que podía escribir y, lo más importante, lo que no podía escribir”, sostiene la escritora, que aún no se ha encontrado con este banquero francés. EFE

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