República española fue pionera en reconocer a víctimas, dice autor colombiano

6 de mayo de 2019
República española fue pionera en reconocer a víctimas, dice autor colombiano

Bogotá, 6 may (EFE).- El Gobierno de la II República española (1931-1939) fue pionero en reconocer a las víctimas de un conflicto al indemnizar a las familias de siete religiosos colombianos de la Orden de San Juan de Dios fusilados en 1936 por anarquistas en Barcelona durante la Guerra Civil.

Ese es el hilo conductor de la novela “Los beatos mueren a las cinco” (Ediciones B), escrita por el periodista colombiano Víctor Diusabá y que se presenta en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo).

“Me di cuenta de que era muy interesante por lo que significa no solamente para Colombia y para España sino para el mundoen general en temas de reparación y justicia transicional para la época”, explica Diusabá (Bogotá, 1956) en una entrevista con Efe.

Por eso considera que de la historia de los siete religiosos y del chófer de la embajada, Carlos Ruiz Alvarado, de la misma nacionalidad, se pueden obtener lecciones para la Colombia actual, sumida en una discusión parlamentaria sobre la Justicia Especial para la Paz (JEP), el tribunal encargado de juzgar los crímenes cometidos en el conflicto armado.

“Hay un precedente tan importante en el tema de la reparación y de la justicia que es casi desconocido porque estamos hablando de finales de los años 30 del siglo pasado y aún hoy estamos discutiendo en estos tiempos, particularmente en este país, cómo debe ser la reparación”, dice al respecto el periodista.

Diusabá conoció el caso de los religiosos porque estudió en un colegio de padres maristas “de origen vasco que habían salido de España perseguidos”, lo que le permitió formarse una idea de lo que ocurrió en la Guerra Civil, y luego hizo un máster en el Departamento de Historia en la Universidad de Granada.

“Es una situación casi inédita, muy poco se ha hablado sobre ella, significa ni más ni menos que el gobierno de la República pagó una indemnización (…) cuando la guerra ya estaba perdida. La paga en 1938, a un equivalente entonces en moneda colombiana a 27.000 dólares por familia, una auténtica fortuna para la época”, dice.

El asesinato de los siete religiosos, que estaban trabajando en el hospital de Ciempozuelos, a 30 kilómetros de Madrid y que fueron trasladados a Barcelona, generó en Colombia “unas consecuencias políticas de gran trascendencia”, en particular en el seno del Gobierno del liberal Alfonso López Pumarejo, afín a la República y cuestionado por una oposición conservadora que miraba con buenos ojos al bando nacional.

“Esa oposición le reclama al gobierno de López que se haga justicia, y dentro de esa justicia inicialmente el Gobierno de la República, luego de algunas semanas, admite su responsabilidad política a pesar de que los autores habían sido milicias anarquistas”, detalla.

Las presiones de la oposición para que el Gobierno republicano asumiese un mayor grado de responsabilidad provocó la exigencia de la reparación económica, que se acabó pagando en francos en París en 1938.

“La República saca a estos colombianos del hospital de Ciempozuelos y tiene el gesto de entregarlos al embajador (Carlos Uribe Echeverri), pero lo que sucede es que el señor embajador comete la torpeza de mandarlos a Barcelona”, donde en ese momento había un fuerte sentimiento anticlerical.

Sus compañeros españoles no corrieron mejor suerte porque “muchos de esos religiosos que estaban en ese sanatorio terminaron muertos en Paracuellos de Jarama”, escenario de ejecuciones masivas del bando republicano en el otoño de 1936.

Diusabá atribuye el desconocimiento en Colombia de esta historia a la violencia cíclica que sufre el país, en donde “tristemente una violencia termina sepultando la inmediatamente anterior”.

Además se dio la circunstancia de que “ciudadanos colombianos no participaron en la Guerra Civil española como sí lo hicieron otros latinoamericanos”, y los pocos que se vieron involucrados fueron religiosos “reclutados por la iglesia en zonas rurales”, como es el caso de los siete hermanos de la Orden de San Juan de Dios que prestaban sus servicios como enfermeros.

La novela transcurre en dos espacios temporales: la España de 1936 en la que fueron asesinados y la Roma de 1992, cuando los religiosos fueron beatificados por el papa Juan Pablo II.

En esos dos escenarios Diusabá mezcla realidad y ficción para contar esta historia, y lo hace a través de Concha, la hermana ficticia de Rubén de Jesús López, uno de los hermanos hospitalarios, que coincide en la beatificación con uno de los anarquistas que lo vio por última vez con vida.

Las simpatías por el fascismo en la Colombia de finales de los años 30 no se limitaron a la oposición conservadora, sino que hubo “rasgos” como “marchas de antorchas en Bogotá, camisas pardas y violencia física”, recuerda.

Es por eso que Diusabá cree que “la violencia política, en consignas, en comportamientos, reprodujo mucho en Colombia del modelo de la Guerra Civil española”. EFE

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