Nacimiento de cóndor refuerza la reducida población de esa ave en Ecuador

17 noviembre, 2019
Nacimiento de cóndor refuerza la reducida población de esa ave en Ecuador

Susana Madera
Quito, 17 nov (EFE).- El reciente nacimiento de un cóndor en Ecuador refuerza la reducida población de esa especie, cifrada ahora en unos 150 individuos y que se ve afectada por un “dramático” retroceso debido a todo tipo de factores humanos y medioambientales.
El coordinador del proyecto de Investigación y Monitoreo Ecológico del cóndor andino, Fabricio Narváez dijo a Efe que el nacimiento del polluelo, en septiembre pasado pero divulgado hoy, es una “luz de esperanza dentro del panorama negativo que tenemos” desde hace “muchísimos años”.
Basado en datos de investigadores, este experto de la Fundación Cóndor Andino comenta que cuando antes en un solo avistamiento en zonas andinas como Cotacachi o el Antisana se veían “cientos de cóndores”, ahora se aprecia únicamente unos treinta cóndores y eso cuando hay “suerte”.
ANTISANILLA, UN PARAISO PARA EL CÓNDOR
Narváez se muestra esperanzado por la llegada al mundo del nuevo polluelo en el peñón de Isco, en la reserva biológica Antisanilla, provincia de Pichincha, cuya capital es Quito.
De unos 50 centímetros actualmente, el polluelo nació de una pareja que ha tenido ocho huevos en los últimos ocho años, aunque uno de los eventos reproductivos falló.
Gracias a geolocalizadores satelitales, los expertos siguen a dos de esos polluelos (Linda y Flecha) en la misma zona del peñón, su territorio de anidación.
De entre 12 y 15 kilogramos, el cóndor es un ave carroñera fundamental para el equilibrio del ecosistema pues limpia la zona de cadáveres.
“Su función ecológica es sumamente importante. Mantiene equilibrados los ecosistemas librándolos de agentes patógenos”, insistió.
Un cóndor adulto puede medir hasta 3,25 metros de punta a punta de las alas, mientras que de alto oscila entre 1,20 y 1,40.
Según el censo de 2018, en todo Ecuador hay 150 cóndores y la reserva biológica de Antisanilla congrega hasta un tercio de ellos debido a sus condiciones geográficas, ambientales y las facilidades de anidación del gran peñón.
Asimismo, ofrece fácil conectividad con zonas ganaderas donde se de alimentan.
PRINCIPALES AMENAZAS
Entre diciembre y mayo pasados murieron cuatro cóndores en la provincia andina de Cotopaxi, tres por envenenamiento y uno por disparo.
Según Narváez, la mayor parte de los envenenamientos trataban de “controlar el incremento de perros abandonados”, que terminaron invadiendo los ecosistemas y se convirtieron en el principal competidor del cóndor por alimentos.
Estudios de la fundación revelan que el 40 por ciento del tiempo que una carroña está disponible en el ecosistema “es ocupada por los perros abandonados”, que se cifran entre 35.000 y 50.000 en los páramos andinos.
Es una cantidad “increíblemente alarmante”, aseguró el experto, para quien “estos están formando jaurías y, a la vez, terminan perjudicando a la gente porque atacan al ganado y eso genera pérdidas económicas”.
Los ganaderos, aparentemente, tratan de controlar la situación con veneno, que acaban convirtiéndose también en una amenaza para los cóndores.
Una circunstancia agravante es que si la caza suele afectar a individuos focalizados, en el caso de envenenamiento el número de aves contaminadas es mucho mayor, pues de una sola carroña pueden comer hasta treinta cóndores.
Otras de las amenazas para esta ave son la pérdida de su hábitat por la expansión de la frontera ganadera y la baja tasa de reproducción.
Estudios genéticos han determinado que existe una baja variabilidad entre las poblaciones de cóndores a lo largo de la cordillera de los Andes, lo que implica que esta especie podría presentar mutaciones no deseadas por endogamia en las naciones que atraviesa esa cadena montañosa, advierte la fundación.
OTRAS POSIBLES MUERTES
El cóndor andino (Vultur gryphus) es el ave rapaz más grande del mundo y por su población reducida está listado en Ecuador como especie en Peligro Crítico de extinción.
Además de los casos de envenenamientos y de cacería, la fundación tiene datos de la posible muerte de hasta veinte individuos más.
“Cada vez que salimos (al campo) nos hablan de cuerpos ocultados. Cuando hacemos el conteo total de todos los cuerpos que nos menciona la gente en cada sitio, da en total (…) de entre quince a veinte individuos”, afirma Narváez.
El problema para confirmar estas pérdidas es que los informantes no quieren tener problemas con las comunidades, pero de confirmarse esos índices está claro que la población de cóndores que nace no es suficiente para sustituir a la que perece, por lo que cada nacimiento es una auténtica alegría nacional. EFE
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