Las 10 ciudades más y menos habitables del mundo según expertos británicos

19 de agosto de 2016
Las 10 ciudades más y menos habitables del mundo según expertos británicos

LONDRES.- La Economist Intelligence Unit de Londres publicó ayer  jueves un nuevo estudio en el que clasifica a 140 ciudades de todo el mundo por la calidad de vida que ofrecen.

La “unidad de inteligencia” del grupo empresarial Economist -al que pertenece también el diario económico homónimo londinense- considera más de 30 factores para elaborar su ranking, divididos en cinco categorías: estabilidad y seguridad interna, atención sanitaria, cultura y medio ambiente, educación e infraestructura.

Australia y Canadá albergan la mayoría de las diez ciudades con mayor calidad de vida del mundo.

Sin embargo, el estudio apunta una pérdida de “habitabilidad” de algunas ciudades de Europea Occidental, golpeadas, entre otros factores, por los recientes atentados terroristas.

Londres se sitúa en el puesto 52 y diez ciudades de Europa Occidental -Zúrich, Ginebra, Fráncfort, Berlín, Oslo, Luxemburgo, Bruselas, París, Roma y Lisboa- han perdido puntos, la mayoría ante los temores de sufrir atentados tras los de París y Bruselas, señala el estudio.

También por ese motivo, la metrópolis australiana Sydney cayó al úndecimo lugar, tras la toma de rehenes en un café en 2014.

A la cola de la lista se sitúa Damasco, la capital siria, precedida de la libia Trípoli y la metrópolis nigeriana Lagos.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que en las 140 ciudades sólo se incluyen aquellas en las que hay gente que afirma querer vivir o visitar como turista. Por ejemplo, no están incluidas la capital afgana Kabul o la iraquí Bagdad.

Llama la atención que las ciudades mejor posicionadas se encuentran sobre todo en países ricos con tasas de población relativamente bajas, que ofrecen diversidad de actividades de ocio y no tienen ni altas tasas de criminalidad ni infraestructuras antiguadas.

Grandes metrópolis como Nueva York, Londres, París o Tokio parecen tender a ser víctimas de su propio éxito, apuntan los autores.