La fiesta, en Maracaná; los problemas, alrededor

6 de agosto de 2016
La fiesta, en Maracaná; los problemas, alrededor

Sonaba en Maracaná ‘País Tropical’ y la ceremonia inaugural de Río era ya un sambódromo masivo. Era difícil localizar a alguno de los 60.000 espectadores que no bailase como si estuviera disfrutando de la mejor fiesta de su vida. En ese sentido, la ceremonia triunfó desde la sencillez y la sinceridad: eso es Brasil. Un país que sabe disfrutar y gozar de la vida pese a las dificultades. Colorido, samba, fiesta y emoción con 20 veces menos despilfarro del que mostró Pekin hace ocho años.

Pero el problema, como desgraciadamente parece que va a suceder más veces en estos Juegos, estaba lejos del objetivo de las cámaras de televisión. Río 2016 puso de nuevo en evidencia, como en los días previos, que le falta un hervor, quizás más, para soportar la complejidad de unos Juegos. Apareció de nuevo la ‘Gambiarra’, un término que resume la tendencia del carioca a improvisar.

Fuera de Maracaná, los problemas se agolpaban. Unos 3.000 manifestantes, reducidos con gases lacrimógenos, obligaban a cambiar el recorrido final de la antorcha. Un colapso monumental en Río cercaba el estadio y multiplicaba hasta tres horas el trayecto, por ejemplo, de Barra de Tijuca, el corazón operativo de los Juegos, hasta el estadio. Afectó a la familia olímpica, periodistas y espectadores que, de forma masiva, no lograron llegar a tiempo al inicio de la ceremonia, que de forma histórica presentaba lo nunca visto, unas gradas lejos del lleno cuando el show empezó.

Los controles de seguridad, incrementados por el miedo a un ataque terrorista, tampoco ayudaron y provocaron otro tapón multitudinario. Las cámaras, el show televisivo, no mostró, como es lógico, esa trastienda desafortunada.

En el palco de autoridades también se dejó notar que algo falla con Brasil y estos Juegos. De los 90 jefes de estado reunidos por Londres hace cuatro años a solo dos docenas de cancilleres. Sin Obama, sin Putin, sin Merkel, sin los jefes de estado de los dos países más poblados del planeta, China e India. Sin los Reyes de España. Eso sí, no faltaron los representantes de Francia, Hungría, Italia y el secretario de estado USA, John Kerry, cuatro países que buscan convencer al COI para llevarse la cita olímpica de 2024.

Brasil se quedó con las ganas de abuchear al presidente del país, Michel Temer, al que estratégicamente ‘olvidó’ anunciar por megafonía cuando presentaba al presidente del COI, Thomas Bach. Tampoco acudieron a la ceremonia sus predecesores, la procesada por supuesta corrupción Dilma Rousseff y Lula Inazio Da Silva, el hombre que convenció al COI en 2009 de que Río merecía el sueño olímpico.

El show que vieron 3.000 millones de personas -en Estados Unidos, por cierto, con una hora de diferido por decisión de la NBC- tuvo magia y encanto, y los atletas lo disfrutaron en el desfile porque unos Juegos en Río son especiales, difíciles, peligrosos pero mágicos. Río aprueba en fiesta, pero espera nota en todo lo demás.