La dupla explosiva de Jack Ü enciende la “discoteca” del Lollapalooza Chile

21 de marzo de 2016
La dupla explosiva de Jack Ü enciende la “discoteca” del Lollapalooza Chile

Santiago de Chile, 21 mar (EFE).- Jack Ü, el dúo estadounidense de DJ y productores formado por las megaestrellas de los circuitos festivaleros Diplo y Skrillex, aterrizaron hoy en el Lollapalooza de Chile y convirtieron el recinto en una inflamada discoteca.

Las distorsiones industriales y las abrumadoras explosiones de ruido generadas por ordenador que ya son sinónimo de la marca Skrillex, siguen presentes en el experimento colaborativo de los emperadores del dubstep y el hard electro, que también han dejado espacio para la psicodelia y las influencias jamaicanas.

Los temas “Take ü there”, “Where ara ü now” o “Holla out” hicieron despegar del césped a la masa que admiraba el gigantesco escenario, uno de los seis del recinto del festival.

Con “Jungle Bae”, una de las canciones más movidas del disco, la multitud se incendió. La bailaron como si las descargas eléctricas les insuflaran vida y celebraron los frenéticos contratiempos con contundentes latigazos cervicales.

Para los jóvenes peregrinos de la electrónica, perderse en las cacofonías polirítmicas y los latidos dubpstep es parte de la gracia. Vibrar junto a esa marea humana completa una experiencia carnavalesca.

Dos chicas bailan hip hop con zapatillas relucientes; una mujer girasol; un grupo de estudiantes estadounidenses hacen la conga; un David Bowie con mucha purpurina; melenas revueltas; una muñeca hinchable y un bullicio que grita “¡Yeaaaaahhhh!” cuando los fuegos artificiales encienden la noche santiaguina. La fiesta estaba servida.

Unas horas antes, Tame Impala, la banda de rock psicodélico liderada por el carismático australiano Kevin Parker, ofreció un concierto técnicamente impecable que inyectó al público dosis de euforia con temas como “Elephant” o “Let it happen”.

La banda, que desembarcó en Chile por cuarta vez, presentó su último disco “Currents”, que al igual que “Lonerism”(2012) y “Innerspeaker”(2010), hace que quien lo escucha pierda el rumbo y se deslice poco a poco hacia una desconocida realidad de tonalidades lisérgicas.

“No puedo imaginar un mejor sitio para estar esta tarde” dijo Parker mientras los últimos rayos de sol se apagaban detrás del escenario y las melodías hipnóticas se entrelazaban con los electrizantes diagramas digitales de la enorme pantalla trasera. Una voz anónima con marcado acento chileno lanzó al aire la definición del espectáculo: “¡Bacán!”.

A media tarde, cuando hacía tres horas que el recinto del Parque O’Higgins había dado la bienvenida a la primera jornada del Lollapalooza 2016, el público respondió con una intensa ovación al debut en el país austral de la banda Eagles of Death Metal, que se presentó sin uno de sus miembros fundadores, Josh Homme.

El grupo, tristemente conocido por ser el que tocó en la sala Bataclan en la que murieron 89 personas, tres de ellas chilenas, durante los atentados de París del pasado noviembre, hizo gruñir sus guitarras con “I only want you” o “I want you so hard” y demostró que su rock está más vivo que nunca.

Poco después, la banda de indie pop islandesa “Of Monsters and Men” puso la nota más festiva de la cita sónica con su alegría desenfrenada y sus canciones delicadas como encajes de bolillos.

En 2012, el grupo se coló por la puerta que había dejado abierta Mumford & Sons y deslumbró al mundo con su espectáculo de guitarras acústicas, fábulas infantiles y atmósferas surrealistas.

Los espectadores más jóvenes aprovecharon las melodías aterciopeladas y los últimos rayos de sol para tomarse selfies y corretear por el recinto como si fuera una pradera.

En la otra punta del recinto resonaba el soul moderno, hipnótico y calidoscópico del colectivo londinense “Jungle”.

“¿How are you feeling Chile?” preguntaron antes de entonar “Julia”, “The heat” y “Busy earnin'” encargadas de transportar a los espectadores hacia un universo sensual de parajes frondosos y tropicales. De nada hay que extrañarse, pues ellos llevan dentro una verdadera selva musical.

A primera hora de la tarde el guitarrista de The Strokes, Albert Hammond Jr., deleitó a un puñado de fans que aguantaron impertérritos bajo el sol del verano austral para escuchar los temas de su nuevo álbum “Momentary Masters”.

Vestido de blanco de pies a cabeza el artista desparramó gruñidos de guitarras y melodías pegadizas con inevitables influencias del célebre grupo de rock del que forma parte.