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Tras escapar de la muerte en Siria, refugiados se enfrentan a deportaciones desde Líbano

 19 mayo, 2023

Ana María Guzelian

Beirut, 19 may (EFE).- Zeinab, una refugiada siria de 42 años, es incapaz de dormir por las noches por miedo a que las fuerzas de seguridad libanesas lancen una redada contra su campamento, después de que diversas ONG denunciasen la deportación sumaria de «cientos» de personas del Líbano a Siria en las últimas semanas.

«No puedo dormir por la noche, me quedo atenta en caso de que el Ejército libanés asalte el campo. Han estado haciendo redadas en campamentos alrededor del nuestro, les escucho», aseguró a EFE la mujer, madre soltera y residente en territorio libanés dese hace varios años.

Desde comienzos de abril, las Fuerzas Armadas del Líbano han llevado a cabo una serie de operaciones «discriminatorias» contra casas de refugiados sirios en el país y posteriormente han deportado «de forma inmediata a la mayoría de ellos», dijeron la semana pasada una veintena de ONG internacionales y locales.

Según los relatos de algunos de los deportados citados por estas organizaciones, fueron entregados «directamente» a la autoridades sirias en la frontera entre ambos países, obviando el riesgo a que los órganos de seguridad sirios les sometan a «persecución o torturas» una vez entren a su territorio.

LA REALIDAD AL OTRO LADO

La amenaza planea sobre aquellos que antes de huir participaron en las revueltas populares de 2011 contra el Gobierno del presidente sirio, Bachar al Asad, o los que desertaron, mientras que muchos otros ya no tienen casas en Siria a las que regresar por haber quedado destruidas o tomadas por grupos armados.

Zeinab teme sobre todo por su único hijo, quien tendría que hacer el servicio militar si alguna vez regresa a su país de origen, sumido en una cruenta guerra desde hace casi doce años.

«Le estoy escondiendo por ahí, diciéndole cuándo salir y cuándo volver por si hubiese una redada (…) Mi hijo era un niño cuando nos vinimos aquí, todo lo que conoció en Siria es guerra, destrucción y la pérdida de su padre ¿No merece un futuro mejor?», lamentó la refugiada.

En los últimos años, las autoridades libanesas comenzaron a realizar este tipo de redadas abiertamente y sin enfrentar represalias, traduciéndose en más de 6.000 deportaciones a Siria entre mayo de 2019 y finales de 2020, según datos de Amnistía Internacional (AI).

Sin embargo, la campaña actual coincide con un nuevo plan del Gobierno libanés para registrar a todos los alrededor de 1,5 millones de refugiados sirios residentes en el país y que ha venido acompañado de un aviso sobre la imposibilidad de alquilar viviendas o solicitar documentos para quienes no estén censados.

Asimismo, varios países árabes han comenzado a presionar a Damasco para que facilite el retorno de sus ciudadanos afincados en el vecindario como parte del regreso del Gobierno sirio a la escena política de Oriente Medio, donde había permanecido aislado durante más de una década.

POBREZA ANTES QUE MUERTE

La grave crisis económica que sufre el Líbano desde finales de 2019 sirve como principal excusa al Gobierno libanés para aferrarse a la necesidad de que los refugiados sirios regresen a su país, pese a que la depresión golpea con especial fuerza a esta comunidad desplazada.

Según datos de la ONU, el 90 % de los sirios residentes en el Líbano viven en la extrema pobreza, mientras que muchos de ellos residen en asentamientos informales conformados por tiendas de campaña y sin un acceso adecuado a la sanidad o educación.

«Trabajo en los campos agrícolas para ganar 35.000 libras libanesas al día (unos 0.40 dólares) y ni siquiera es suficiente para comprar pan. No nos dan ayudas de la ONU, del Gobierno libanés ni de nadie, y encima vivimos con el miedo a la deportación», afirmó Zeinab.

Sin embargo, la mayoría de los refugiados sí reciben asistencia humanitaria de las agencias de Naciones Unidas y otras ONG.

Abu Ahmad, un sirio de 56 años afincado en el este del Líbano, también reconoce a EFE tener miedo ante la campaña de deportaciones y se pregunta si «no es suficiente con que nos humillen aquí en un país de acogida, que también nos quieren enviar de vuelta a la muerte».

«Prefiero morir aquí que volver y que me desaparezcan las células del régimen (sirio), ser torturado, humillado y probablemente asesinado», zanjó. EFE

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