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“Boris Godunov” usurpa y conquista La Scala en su noche más rusa

 08 diciembre, 2022

Milán (Italia), 8 dic (EFE).- Las pesadillas de un zar enajenado sacudieron hoy La Scala de Milán. El templo de la lírica italiana abrió su esperada temporada con una obra rusa, el “Boris Godunov”, de Modest Musorgskij, con un mensaje casi oportuno sobre el poder en el contexto internacional de nuestros días y que obtuvo la ovación del público.

En la tradicional “Prima”, la inauguración de la temporada, el más que exigente público de La Scala se rindió ante esta producción y la interpretación de su elenco, sobre todo del barítono Ildar Abdrazakov, el protagonista.

Los aplausos se prolongaron durante 13 minutos y llegaron incluso desde los palcos más altos, habitados por los más puristas y desde donde cayeron algunas flores.

Todo a pesar de ser una obra considerada difícil, algo lenta en su primera mitad, y cantada en ruso, lo que obligaba a seguirla con subtítulos.

La pieza, con un montaje sobrio pero efectista, estuvo dirigida por la batuta de Riccardo Chailly y contó con la escenografía del danés Kasper Holten, así como con la voz del tenor ruso Dimitry Golovnin, príncipe destronado y perseguido.

HIMNO EUROPEO EN LA SCALA

El histórico teatro, hermosamente decorado para esta puesta de largo anual por el día de San Ambrosio, vivió su noche más rusa, paradójicamente en plena invasión ucraniana.

Sin embargo, el europeísmo quedó patente con la presencia en el palco de honor de la presidenta del Ejecutivo comunitario, Ursula von der Leyen.

La alemana se sentó al lado del jefe del Estado italiano, Sergio Mattarella, recibido con una sonora ovación, y de su primera ministra, Giorgia Meloni, que se estrenó en este evento.

Por eso la «serata» no solo arrancó con el himno de Italia, como es tradición en esta jornada del todo patriótica en La Scala, sino que también se entonó el de la Unión Europea.

UNA OSCURIDAD ACTUAL

La elección del «Boris Godunov» para abrir la temporada milanesa se remonta a hace tres años, pero su permanencia en el cartel, criticada por algunas asociaciones ucranianas, tiene una evidente resonancia actual, en plena invasión de Ucrania.

El texto del atormentado Musorgskij, adaptación de la obra de Aleksandr Pushkin, evoca certeramente el tema de la conciencia y la verdad como armas contra el poder despótico y, ante su profundidad, resulta inevitable pensar en la Rusia actual.

La dirección de La Scala siempre fue muy crítica con la guerra y, de hecho en marzo, dos semanas después del inicio de la invasión, prescindió del director Valeri Guérguiev por no negarse a denunciar públicamente la agresión de Vladimir Putin, su amigo personal.

Sin embargo, el teatro decidió mantener la obra ya que los avatares de la política, en teoría, no deberían eclipsar a la cultura: «No estoy dispuesto a esconderme para leer a Dostoyevski», llegó a alegar el responsable de la institución, Dominique Meyer.

EL ZAR Y EL PRECIO A PAGAR

«Boris Godunov» es una representación frecuente en las noches de La Scala desde su estreno en 1909, dirigido por Arturo Toscanini, y se eligió para abrir su temporada lírica hasta en dos ocasiones, la última en la memorable Prima de 1979 dirigida por Claudio Abbado.

Sin embargo, ahora se ha optado por la versión primigenia que Musorgskij que revolucionó la música de su tiempo por su crudeza y realismo, como un «Macbeth» en el Kremlin del zar.

La obra, ambientada en 1598, está envuelta en la intriga y en ecos de regicidio y traición. El noble Boris Godunov asciende al poder tras la muerte del zar Fëdor y después de orquestar el asesinato del legítimo «zárevich» o heredero.

Pero sus tretas acaban quedando al descubierto por los escritos de un monje, originando el jaque del novicio Grigirij, postulado como legítimo dueño del trono.

El zar Boris conquistó el trono pero… ¿a qué precio? Sus últimos días los vivió perseguido día y noche por los fantasmas de aquellos a los que debió servir y traicionó vilmente. Y ya se sabe: quien a hierro mata, a hierro muere.

Sin duda una trama que ofrece una lectura, por no decir lección, de los poderes modernos.

UNA «PRIMA» POR TODO LO ALTO

El 7 de diciembre, San Ambrosio, es el día de la «Prima» y Milán, capital del «belcanto» lo vivió con pasión, como siempre. Incluso numerosas personas desafiaron al frío viendo el evento en una pantalla gigante en la cercana y lujosa Galería Vittorio Emanuele II.

Dentro del «Piermarini», como se conoce a este teatro a dos pasos del monumental Duomo milanés, pudo verse a artistas de la talla el cineasta Luca Guadagnino, el escritor Alessandro Baricco o el arquitecto Stefano Boeri, entre otras personalidades.

Pero también fue un día para la protesta, pues decenas de sindicalistas se congregaron frente al edificio para denunciar la crisis económica, mientras que por la mañana la fachada del teatro apareció manchada con pintura en una acción atribuida a grupos ecologistas. EFE

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