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Empleados con síndrome de Down se integran en Siria entre tazas y bandejas

 25 julio, 2022

Damasco, 25 jul (EFE).- Desde que Aya comenzó a trabajar en el Café Soset de Damasco, el primero del país enfocado en contratar a personas con síndrome de Down, no sólo siente que se ha «encontrado a sí misma», sino que después de muchos años de «aislamiento» ha hecho buenos amigos y hasta ha descubierto el amor.

La joven, de 30 años, aseguró a Efe que nunca quiere que termine su turno en el establecimiento, abierto hace algo menos de un año en el parque Tishreen de la capital siria con el objetivo de promover la integración de personas como Aya en la sociedad, de la mano de la Asociación Raíces para el Desarrollo.

«No quiero que mi trabajo termine, me gusta continuar todo el día, siento que me encontré a mí misma después de años de aislamiento (…) Hoy tengo amigos y siento que estoy enamorada de mi colega en la cafetería, Abdel Rahman», contó entre risas, al confesar que hasta tiene sueños de poder casarse con su compañero.

Pese a su timidez, a Aya le gusta saludar a los clientes con una amplia sonrisa y una mueca de alegría en el rostro, por lo que muchos de los que se acercan a tomar una bebida o un tentempié en el Café Soset preguntan por ella al llegar.

«Es una nueva vida para mí», sentenció la joven.

EL PRIMERO DE SU TIPO

La idea de abrir un establecimiento en el que empleados con síndrome de Down trabajen codo con codo con otros sin esta condición surgió hace unos cuatro años, a raíz del éxito de un programa de voluntariado para incluir a personas con esta anomalía congénita en la plantilla de un festival local.

Fue entonces cuando la Asociación Yuzur para Personas con Discapacidad comenzó a formar a los futuros trabajadores del Café Soset en la preparación de bebidas y a enseñarles los entresijos de cómo servirlas a los clientes.

La presidenta de la junta directiva de la Asociación Yuzur, Jolud Rayab, afirmó a Efe que esta es la primera iniciativa en emplear a este tipo de personas, a menudo obligadas a quedarse fuera del mercado laboral, «como proveedores de servicios en cafés a gran escala» en todo el territorio sirio.

“La idea es la integración mutua, ya sea la interacción entre personas con síndrome de Down y los clientes del café, o la integración de los otros trabajadores con los jóvenes» con esta afección, explicó, sin olvidar la importancia del «empoderamiento psicológico».

Y es que la cafetería también busca promover la independencia de sus empleados, además de fomentar la tolerancia y terminar con la discriminación que muchas veces acompaña a estos jóvenes en diversos aspectos de su vida.

En Soset, la distribución de roles y tareas durante los turnos tiene en cuenta «las disparidades en las capacidades mentales» de los diferentes trabajadores, de acuerdo con el director ejecutivo de la organización, Hashem Nayar.

METAS Y PLANES DE FUTURO

Cerca de 200 personas mandaron la solicitud para trabajar en el establecimiento, pero la Asociación Yuzur solo pudo seleccionar a 25 para su programa de capacitación y posterior incorporación a la plantilla, dijo a Efe la miembro de la organización Heba Yaban.

Según su relato, la cafetería es muy popular entre los vecinos de la zona, algo que atribuye a un posible interés en «animar a las personas con síndrome de Down”.

Yaban destacó el impacto que la iniciativa ha tenido en el desarrollo personal de estos jóvenes y aseguró que «cada uno tiene una meta, un plan para el futuro y sus vidas han cambiado por completo».

La madre de Reham ha sido testigo de los beneficios que trabajar en el café ha traído a la vida de su hija, ayudando a impulsar los esfuerzos que ella misma hace para poder ver a su chica feliz y logrando cosas útiles para su vida.

Aunque la joven se ha hecho con importantes títulos en halterofilia y también monta a caballo, formar parte de Soset corona la lista de sus actividades favoritas por ser «un medio para tener una buena conversación, conocer a amigos y crear relaciones», según su madre que, como es común en la región, se hace llamar simplemente Umm Reham.

«Reham es ya otra persona», concluyó la mujer. EFE

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