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Vuelve la fiesta al Jazzaldia al ritmo ochentero de Simple Minds

 21 julio, 2022

San Sebastián (España), 21 jul (EFE).- Había ganas después de dos años de espera debido a las restricciones de la pandemia y, por fin, la fiesta ha vuelto al espacio más lúdico del Jazzaldia, la playa de la Zurriola, donde esta noche los británicos Simple Minds han ofrecido un poderoso concierto de sonido ochentero que ha inaugurado la 57 edición del festival de San Sebastián (norte).

La actuación estaba prevista en un principio para el Jazzaldia de 2020 dentro de la gira que el grupo tenía prevista con ocasión de la publicación de su disco recopilatorio «40:The Best of 1979-2019». Se volvió a intentar en 2021, pero tampoco fue posible.

Finalmente la tercera ha sido la vencida y este miércoles se ha podido escuchar en Keler Gunea, el espacio situado junto al espigón de la playa de la Zurriola, a esta banda que comenzó en el Glasgow de finales de los setenta liderada por su cantante Jim Kerr y su amigo de la infancia, el guitarrista Charlie Burchill, únicos integrantes de la formación original que siguen en el grupo.

Aunque la mañana ha sido lluviosa en San Sebastián, el tiempo ha respetado el pistoletazo de salida de este Jazzaldia que celebra la recuperación de la normalidad tras dos ediciones marcadas por las cancelaciones, las mascarillas y las distancias de seguridad.

Nada de esto parecía estar ni siquiera en la memoria de un público, que mayoritariamente superaba los cuarenta aunque también se han visto jóvenes, y que ha abarrotado la playa dispuesto a pasarlo bien desde el minuto uno.

Jim Kerr, Charlie Burchill, Cherisse Osei (batería), Berenice Scott (teclados), Ged Grimes (bajo), Gordy Goudie (guitarra acústica) y Sarah Brown (coros) han subido al escenario con puntualidad británica.

Durante más de hora y media han hecho un exhaustivo repaso de sus grandes éxitos comenzando por el principio: el «Act of Love» de su primer álbum, de 1978, al que ha seguido el ritmo «new wave» de «Love Song», uno de los primeros éxitos de la banda en 1981.

No han faltado «Waterfront», «Let There Be Love», «Someone Somewhere in Summertime», «Vision Things» o «Book of Brillian Things», un tema que ha interpretado casi en solitario Sara Brown con su portentosa voz.

Jim Kerr ha insuflado de emoción la delicada «Belfast Child», basada en una canción tradicional irlandesa, que ha interpretado con cambios de tempo.

El entusiasmo ha subido unos grados con «Mandela Day», el tema que Simple Minds interpretó para los 600 millones de personas que siguieron el concierto que músicos de todo el mundo ofrecieron al líder sudafricano Nelson Mandela en 1988 en el Wembley de Londres, el mismo lugar en el grupo inició el pasado marzo la gira por 17 países con la que ha recalado en San Sebastián.

Muy aplaudido ha sido también el solo de la espectacular batería del grupo, Cherisse Osei, que con solo su presencia y la fuerza de sus movimientos con las baquetas llenaba el escenario de la Zurriola.

El esperadísimo «Dont you (Forget About Me) ha entusiasmado a una audiencia entregada desde el principio que no ha dejado de tararear la canción siguiendo las indicaciones del propio Kerr incluso cuando éste ha dado el tema por terminado.

Le han seguido los bises «Speed Yor Love to Me», «Alive and Kicking» y «Sanctify yourself», otros de los temas con los que esta banda, que ha vendido mas de 60 millones de discos, marcó una época.

De corte muy diferente ha sido el sonido de «Odesa Suite», el concierto del pianista ucraniano Vadim Neselovskyi en Chillida Leku, que volverá a interpretar el jueves en el Museo San Telmo, y cuya recaudación se destinará a la Asociación Chernobil, que desde 1996 acoge durante los veranos a niños afectados por la radiación y que se ha volcado en ayudar a los refugiados del país invadido por Rusia.

Aunque la grabó antes de que estallara la guerra en Ucrania, Neselovskyi decidió mantener este homenaje a su ciudad natal tal como lo había escrito porque recoge el «espíritu» de Odesa, un crisol de culturas que ha sabido mantener el optimismo pese a las dificultades, según ha señalado su autor.

La pieza contiene pequeños secretos ocultos como la melodía que la madre del pianista le tarareó en un paseo y que resultó ser una nana judía que le cantaba su padre cuando era niña o las notas del reloj del Ayuntamiento de Odesa.

Dos propuestas diferentes para inaugurar un festival que su director, Miguel Martín, calificó como el del «reencuentro» tanto por los espacios físicos que se retoman como por los artistas y sobre todo, por el público ávido de buena música.EFE

mz/cd