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Los bálticos buscan mitigar la inflación récord para los más vulnerables

 19 junio, 2022

Riga, 19 jun (EFE).- Los países bálticos, tres economías relativamente pequeñas, hacen frente a unos niveles de inflación de los más altos de la Unión Europea (UE), con herramientas limitadas y asuntos políticos pendientes de resolver, sobre todo en Estonia y Lituania.

Los precios de consumo ascendieron en mayo un 20 % en Estonia, un 18,9 % en Lituania y un 16,9 % en Letonia con respecto al mismo mes del año pasado, según estadísticas oficiales, impulsados por la escalada de bienes y servicios esenciales como los alimentos, el combustible de calefacción y la electricidad.

Las políticas monetarias para ralentizar la inflación dependen del Banco Central Europeo (BCE), que ha señalizado que subirá los tipos de interés, mientras que Tallín, Riga y Vilna pueden hacer poco por limitar los precios globales de la energía y los alimentos y su impacto social en los países, todos ellos con ingresos per cápita por debajo de la media europea.

Las tres naciones buscan aprobar algún tipo de subsidio para aliviar los precios de la energía para los más vulnerables, pero Estonia está en el medio de una remodelación de gobierno, mientras que en Lituania los partidos de la Oposición están boicoteando los plenos del Parlamento y reuniéndose por separado.

Urge tomar medidas políticas antes de otoño, cuando comienza una nueva temporada de calefacción, pero también en vista de que en Letonia hay programadas elecciones parlamentarias el 1 de octubre y en Estonia el 5 de marzo del año que viene.

En Letonia, el Ministerio de Bienestar ha preparado una serie de propuestas de subsidios, que el Gobierno todavía debe debatir, ya que hasta ahora sólo se ha adoptado una medida para que añadir biocombustibles a los carburantes sea voluntario para los mayoristas.

El viceprimer ministro Janis Bordans dijo ante periodistas que hace falta un plan general para aliviar el impacto de la inflación en todos los sectores de la economía, ya que el país se enfrenta a una «guerra energética» y una «guerra de alimentos» entre otras, lo que implica que no se pueden «combatir los focos por separado».

Sin embargo, los Gobiernos bálticos parecen haber rechazado la posibilidad de reducir los impuestos a la energía y haber optado por el contrario por subvenciones para los consumidores más vulnerables.

El gobernador del banco central de Estonia, Madis Müller, dijo en una entrevista recientemente que es «probable» que haya que aprobar subvenciones en la temporada fría, lo que supondrá un coste adicional para el Estado.

Subrayó que reducir los impuestos a los carburantes sería lo mismo que subvencionar a todos los ciudadanos y que parte de la población no lo necesita y agregó que la alta tasa de inflación también podría verse como una señal de relativa salud de la economía.

«En el caso de Estonia, hay una razón por la que tenemos subidas de precios mayores que la media europea: nuestra situación económica era tan fuerte antes del inicio de la guerra (de Ucrania) que ya había una gran presión sobre los precios antes del conflicto,» declaró a un diario estonio.

En Lituania, Greta Ilekyte, economista del banco Swedbank, afirmó a Efe que el Gobierno ha elaborado un plan de apoyo para mitigar la presión inflacionaria por valor de 2.300 millones de euros, lo que supone un 4 % del PIB.

Incluye alivio fiscal para los hogares con pocos ingresos, topes a los precios del gas y la electricidad y subsidios a las energías renovables, entre otras medidas.

El Gobierno también ha decidido subir las pensiones a partir del 1 de julio para maximizar los ingresos de los más vulnerables, lo que a juicio de Ilekyte es «mucho más efectivo» que reducciones del IVA u otras tasas.

No obstante, incluso las medidas más focalizadas tendrán un impacto para los presupuestos estatales. Por ejemplo, en el caso de Letonia, las subvenciones a la calefacción tendrían un coste de entre 449 y 467 millones de euros y si no pudieran extraerse de las arcas del Estado habría que obtener créditos en los mercados, ha indicado el Gobierno.

Los economistas bálticos creen que la curva de los precios del consumo se ralentizará a finales de año, a pesar de que consideran el gasto estatal como uno de los elementos de la inflación.

Madis, el gobernador del banco central estonio, indicó que los precios subirán durante todo 2022 y luego caerán al 7 % en 2023.

Con respecto a la situación económica general, Ilekyte, la economista de Swedbank, dijo a Efe que «todavía hay una guerra en curso en Europa y no deberíamos olvidar que la inflación es el precio que debemos pagar ahora.» EFE

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