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Mucho más que saber si lloverá mañana

 03 abril, 2022

Santander, 3 abr (EFE).- Cualquier ciudadano puede a golpe de click saber qué tiempo hará esta tarde o dentro de unos días, pero los soles o las nubes que aparecen en las aplicaciones no son cuestión de azar ni de estadística, sino que conllevan un proceso de observación y predicción meteorológico que en el futuro tendrá «importantes repercusiones económicas».

El delegado de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en Cantabria, José Luis Arteche, explica, en una entrevista con Efe, que tras 42 años en la profesión se ha evolucionado mucho pero queda tanto o más por mejorar, sobre todo en cuanto a predicciones a largo plazo se refiere.

«Son modelos distintos, en los cuales la evolución de la temperatura de los océanos es importante. Están bastante en mantillas», añade Arteche, quien apuesta por avanzar en ellos porque van a tener «una importancia económica altísima».

De hecho, hay empresas que ya preguntan a la Aemet qué previsión tienen a largo plazo. Por ejemplo, una gran compañía textil hace años que pide estas predicciones para saber qué tipo de prendas producir y en qué cantidad, adelanta Arteche.

Pese a todo, recuerda que la meteorología «nunca va a llegar a ser cien por cien exacta y siempre habrá algún elemento distorsionador».

Otro punto a mejorar es la precisión espacial. «Si estamos en un partido de tenis de la Copa Davis, saber si en dos horas va a llover en ese sitio concreto. La atmósfera tiene mucho de caótica, y todo eso hay que conocerlo para seguir mejorando», añade.

Las predicciones más fiables son las de ahora en diez días y, para ello, la Delegación de la Aemet en Cantabria, situada en Cueto (Santander), cuenta con una autosonda que lanza dos veces al día a la atmósfera un globo de látex lleno de helio para recoger mediciones.

Hay ocho aparatos como este en España y Arteche asegura que es caro porque «hay países que no pueden permitírselo».

La sonda es un pequeño aparato que mide cada diez segundos variables como la temperatura, la presión, la humedad o el viento hasta los 30 kilómetros de altura, que es más o menos cuando la presión en el exterior es tan pequeña que el globo se dilata, explota y acaba el sondeo.