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El Prado vuelve a exponer la Transfiguración tras dos años de restauración

 24 marzo, 2022

Madrid 24 mar.- Tras más de dos años en los que se ha realizado una exhaustiva restauración, el Museo Nacional del Prado vuelve a exponer la Transfiguración, obra encargada a Guilio Romano y Gianfrancesco Penni a partir del original de Rafael que se conserva en los Museos Vaticanos.

Según ha informado este miércoles el Museo del Prado, la obra, que es la pintura sobre tabla más grande y más pesada de su colección, ha sido sometida a una restauración integral que ha afectado tanto al soporte como a la capa pictórica y al marco.

La obra, que se vuelve a exponer en la sala 49 del edificio Villanueva de la pinacoteca madrileña, dedicada a la Escuela Italiana del siglo XVI, fue encargada por Giulio de Médicis y decoró la iglesia del Santo Spirito degli Incurabili en Nápoles antes de su llegada a Madrid.

La pintura ofrece un registro bastante exacto de las formas del original rafaelesco, aunque omite casi todos los detalles, el paisaje y la vegetación.

Transcurridos casi 200 años desde la última intervención, la obra presentaba daños importantes tanto a nivel estructural como estético, con apertura de las uniones de los paneles del soporte y de las grietas presentes en el mismo, y una fuerte oxidación y alteración de los barnices y retoques de color realizados en el pasado.

Según el Prado, todos los procesos han sido complejos debido al gran tamaño del cuadro (4,02 por 2,67 metros y un peso de 550 kilos, 300 de la tabla y 250 del marco).

La restauración estructural de esta obra, financiada por la Getty Fundation, ha sido dirigida por José de la Fuente, restaurador de soportes del Museo Nacional del Prado, con el apoyo de George Bisacca del MET y dos becarios, Gert van Gervent, de Países Bajos, y Alberto di Muccio, de Florencia (Italia).

La intervención en la capa pictórica, realizada por Eva Martínez, restauradora de pintura del Museo Nacional del Prado, ha consistido en la eliminación de los numerosos estucos aplicados en grietas y juntas, que cubrían parte de la pintura original e impedían el acceso al soporte para la intervención en el mismo.

Después, se ha procedido a la eliminación de los barnices oscurecidos y oxidados y la retirada de los numerosos retoques realizados en la intervención anterior, lo que ha sido fundamental -explica el museo- para recuperar la belleza y singularidad de la obra.

Así, señala, el oscurecimiento de la superficie, el envejecimiento de los colores y el exceso de intervención impedían ver la luminosidad del colorido, la precisión del modelado, la transparencia de las sombras y los detalles.

También ha sido restaurado el marco de madera de pino y dorado con oro fino realizado en el siglo XIX, por Mayte Camino, restauradora de marcos del Museo Nacional del Prado, con la finalidad de recuperar el aspecto que este tuvo en origen.