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Magallanes, la región austral con identidad propia que forjó un presidente

 07 marzo, 2022

Punta Arenas (Chile), 7 mar (EFE).- El imponente estrecho de Magallanes, al extremo sur del continente americano, era lo primero que veía de niño Gabriel Boric a través de su ventana antes de salir a recorrer las empedradas calles de la remota ciudad de Punta Arenas.

Los vientos indomables de esta localidad portuaria moldearon sus ideas y su carácter, y lo empujaron desde sus albores como líder estudiantil de un pequeño colegio al presidente electo más joven y votado de Chile.

Este lugar es el baluarte de Boric, un «refugio al que acude cada vez que tiene la oportunidad y un lugar que atestigua su precoz despertar político», explica a Efe el escritor Óscar Barriento, su mentor y profesor de secundaria en el British School, uno de los más tradicionales de la ciudad.

A los dos les unió la literatura, pero pronto, comenzaron a compartir inquietudes políticas, explica el autor desde un local frente al paseo marítimo puntarenense.

«Ya de joven, Gabriel hacía convivir su vocación política, que siempre fue real e irreductible, con su vida cotidiana. Tenía un gran sentido de transformación de la realidad y una gran persistencia en ese sueño de la educación pública», agrega Barrientos.

Desde que era adolescente, «se relacionó rápidamente con organizaciones sociales y se juntó con otros jóvenes de una generación que fueron capaces de releer y de repensar algunas experiencias pretéritas de la historia chilena».

Ahora son más de 3.000 kilómetros los que separan su tierra natal del palacio de La Moneda, sede del Ejecutivo, desde donde esta semana, Boric, líder de una coalición entre el Frente Amplio y el Partido Comunista, dará el pistoletazo de salida al gobierno más izquierdista en Chile desde el derrocado Salvador Allende (1970-73).

“ME ESTOY PREPARANDO PARA DERROTARLO”

Hace más de 20 años, en el ahora clausurado Teatro Cervantes de Punta Arenas, celebró un mítin el entonces candidato a diputado de la derecha por la región de Magallanes, Rodrigo Álvarez.

Al terminar el acto, un adolescente que se quedó entre las butacas avanzó hacia él, le dio la mano y le dijo: «Señor, yo me estoy preparando para derrotarlo».

“Ese joven era Gabriel, y pocos años después, lo logró”, relató a Efe el exalcalde puntarenense y locutor de radio Vladimir Mimica.

«Yo nunca lo vi sin un libro bajo el brazo. Era muy inquieto y un adelantado a su tiempo, incuestionablemente», dijo.

Él, agregó, «no tenía la intención de ser ahora candidato presidencial, estos cuatro años los iba a dedicar a estudiar y prepararse para el cargo, pero las circunstancias se precipitaron», señaló.

CELEBRANDO LA DESCENTRALIZACIÓN

Independientemente de su posición política, la gente de Punta Arenas coincide en celebrar que haya un magallánico en La Moneda.

Es habitual que se formen filas frente al icónico árbol al que Boric se sube en su spot de campaña presidencial y decenas de personas esperan cada mañana para probar el «choripán con leche de plátano» que él solía almorzar en un local de la céntrica Plaza de Armas.

«Estamos muy orgullosos de que haya llegado a presidente. Magallanes fue en el pasado una región muy importante pero ahora nos han olvidado», manifestó a Efe Sebastián Ovalle, un taxista local.

«En las regiones, la gente siente que todas las decisiones importantes se toman desde Santiago y en un país que es tan largo y tan distinto, eso duele (…) Esperamos que eso cambie ahora», expresó por su parte a Efe Daniela Morales, dueña de un quiosco.

Poniendo el foco en su natal Magallanes, Boric reivindicó durante su campaña el abandono que sufren muchas regiones del país, enfatizando la necesidad de descentralizar Chile, que tiene concentrado en Santiago la mayor parte del poder público y empresarial.

«Imagino un Gobierno que no esté encerrado en La Moneda», dijo tras emitir su voto el pasado 19 de diciembre, cuando venció al ultraderechista José Antonio Kast.

«LLEVAR LA POLÍTICA A LA CALLE»

Hasta entonces, Boric repartía su tiempo como diputado por la región de Magallanes entre la Cámara Baja, ubicada en la costera ciudad de Valparaíso, y el centro cultural «La Idea» de Punta Arenas, que utilizaba como oficina parlamentaria.

Las salas de esta antigua y gigante casona se llenaban de gente joven «que quería compartir el deporte, el teatro y la cultura», relató a Efe la actual diputada por Magallanes y también frenteamplista Javiera Morales desde las instalaciones del centro.

Este espacio se convirtió también en un “símbolo de resistencia contra la educación elitista» de Chile porque, además, se impartía un preparatorio universitario para la gente de menos recursos, consignó.

La tema educativo fue el primer reclamo del joven Boric y de muchos de sus cóngeres, que dieron el salto a la política nacional cuando se mudaron a Santiago a estudiar y protagonizaron las emblemáticas marchas universitarias de 2006 y 2011.

«Con mucha visión -concluyó-, Boric juntó su oficina con un centro cultural y de alguna manera logró achicar esa brecha tan gigante que existe con la ciudadanía, tratando de llevar la política a la calle». EFE

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