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La menorquina Anna Ferrer explora nuevo concepto de folclore en «Parenòstic»

 19 febrero, 2022

Barcelona 19 feb 2022.- Con las panderetas gallegas de las Tanxugueiras todavía resonando en los oídos del gran público, otra joven creadora que parte de la música tradicional de su tierra para recorrer su propio camino, la menorquina Anna Ferrer, presenta mañana en Barcelona su nuevo trabajo, «Parenòstic».

Ferrer no se siente parte de una «nueva ola del folclore», porque su propuesta es muy diferente a la de las Tanxugueiras o a la del asturiano Rodrigo Cuevas, pero reconoce que «esta moda puede traer cosas buenas porque está despertando el interés del público por otras sonoridades».

La sonoridad de Anna Ferrer parte de la música tradicional oral menorquina, que ha mamado desde la cuna, pero se extiende hacia otros terrenos por los que ha transitado durante sus 28 años de vida y sus 14 años de carrera musical profesional, en los que ha coincidido con artistas como Clara Peya o El Niño de Elche.

Si en su anterior disco, «Krönia», mezclaba su esencia folclórica con la música electrónica, en «Parenòstic» tira «hacia el lado opuesto, el de la crudeza», según ha dicho en una entrevista con Efe.

Sola sobre el escenario, Anna Ferrer interpretará mañana en el festival Barnasants los temas de este último trabajo, que ella misma define como un viaje por las diferentes maneras que tiene de relacionarse con la tradición.

«Una parte de los temas son más vivenciales, es decir, son canciones de tradición oral que he cantado desde pequeña; otra parte son melodías y partituras que se han perdido y que he descubierto posteriormente investigando en la música de mis ancestros; y otras son canciones propias creadas a partir de mi bagaje», ha explicado.

Entre las primeras hay canciones menorquinas en catalán, pero también latinoamericanas en castellano porque, en su opinión, «la tradición es lo que cada uno ha vivido, y yo de niña escuchaba las dos cosas».

En concierto, Ferrer recorre estos tres caminos desplazándose físicamente hacia tres lugares del escenario: un rincón en la derecha donde está el sintetizador con el que interpreta canción litúrgica y tradicional menorquina; otro a la izquierda donde tiene el guitarró con el que toca en temas como «Fandangos» y «El ángel»; y otro en medio con el tambor de las ‘tonades de camp’ que le conectan con sus antepasados.

Anna Ferrer no abandona el folclore en el que se ha criado, pero se mueve por él libremente porque «la música popular es algo en constante transformación y me siento libre para llevar las canciones a otros terrenos, sin dejar por ello de amar la tradición de forma extrema», ha defendido.

«Yo antes era muy purista -ha recordado la artista, que empezó su carrera profesional con 14 años como solista del grupo «S’Albaida»-, pero poco a poco me he ido convenciendo de que, como dice El Niño de Elche, no es necesario romper fronteras entre tradición y nueva creación porque no existen esas fronteras, todo ha sido creado alguna vez y todo evoluciona».

La evolución de Anna Ferrer es pausada y sin eclosiones comerciales, pero su folk heterodoxo se está abriendo camino fuera de su isla de nacimiento.

«Ahora mismo hay una moda musical que tiene más que ver con la estética y el folclorismo que con la tradición -reflexiona-, pero no me parece mal porque creo que con esas propuestas más ‘mainstream’ no se pierde nada y se puede ganar mucho».

«Es como cuando Zara hace camisetas de «I am feminist’ -añade-. Es una contradicción porque las fabrican mujeres explotadas en la India, pero a la larga puede servir para que la gente tome conciencia y se revele contra esa manera de producir ropa».

«Con la música, igual -concluye-. Si las propuestas más comerciales despiertan la curiosidad de la gente por nuevas sonoridades, quizás dejaremos de tocar el ukelele, que es algo que no tiene sentido teniendo el guitarró, que lleva aquí toda la vida y se toca igual».