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«La Bohème», vista por Richard Jones, encandila al Teatro Real de Madrid

 13 diciembre, 2021

Madrid, 13 dic (EFE).- Solo cuatro años han pasado desde que el Teatro Real recibiera por primera vez la visión de Richard Jones en torno a «La Bohème» de Giacomo Puccini, años radicales para el mundo en los que el público que ha vuelto a celebrarla hoy lo ha hecho tras asomarse en carne propia al abismo de la muerte que retuerce el relato.

A la incógnita sobre la percepción actual con que se recibiría esta alegoría sobre la fugacidad de la felicidad y la juventud se unía la del doble nuevo reparto que asumirá durante 15 funciones y hasta el 4 de enero la misma coproducción de la Royal Opera House de Londres y la Lyrics Opera de Chicago que el 11 de diciembre de 2017 ya provocó aquí el aplauso de los asistentes.

«¡Qué bien se muere!», se ha oído comentar a una de las asistentes a este reestreno de hoy ante el momento culminante de la actuación de la soprano Ermonela Jaho como la encantadora costurera Mimí, al palidecer con un hilo de voz delicado y cristalino que ha suscitado bravos y alguna que otra lágrima.

A la intérprete albanesa la han acompañado los jóvenes bohemios que dan nombre a esta ópera ambientada en el efervescente invierno del París de 1840, encabezados por el tenor Michael Fabiano, muy experimentado en el papel del poeta Rodolfo, el que más aplausos ha recibido con su bello y potente vibrato.

A su lado, Lucas Meachem como el pintor Marcello, Joan Martín-Royo como el músico Shaunard y Krzysztof Baczyk como el filósofo Colline, así como la soprano zaragozana Ruth Iniesta, que ha destacado con luz propia por su vis cómica y su buen hacer en el consabido vals del tramo central en el Café Momus.

Vicenç Esteve como Benoît y Roberto Accurso como Alcindoro han completado el reparto de esta ópera musicalmente dirigida por el también celebrado desempeño de Nicola Luisotti ante el que constituye uno de los grandes ganchos comerciales de la temporada 21/22.

UNA ÓPERA QUE «NO DEJARÍA HUELLA»

Corría 1896 cuando Puccini, que había aprendido a escribir ópera a partir de la «Aida» de Verdi, presentó «La Bohème» en el Teatro Regio de Turín como fruto de un estilo personal que unía naturalismo, romanticismo, impresionismo y verismo.

Resulta cómico recordar ahora lo poco acertado que estuvo un diario italiano que entonces publicó en su crónica: «No solo causa poco efecto sobre el ánimo de los oyentes, sino que no dejará ninguna huella en la historia de nuestra época».

Convertida en una de las más representadas de la actualidad, afirmaba Jones que su tirón se debe a que habla de nosotros, de nuestras alegrías y penurias, «no como los relatos míticos de las indigeribles óperas de Wagner», y eso ha vuelto a quedar evidenciado ante un recinto sin una sola butaca vacía.

Con asistentes ilustres como el músico Pablo Alborán, el Real ha brillado hoy al 100% como antes de la pandemia y tras la transición previa con «Parténope».

Siendo esta una ópera dedicada a los amantes del arte, la propuesta escénica de Jones reivindica a las personas y mecanismos responsables de la ilusión de espectáculo, en un juego de «teatro dentro del teatro» que visibiliza las bambalinas, con los diferentes escenarios apilados al fondo como escenas atropelladas de la vida que esperan su momento.

De ese baile de decorados saca especialmente provecho el segundo acto, en una progresión coreográfica de colosales estructuras que desfilan con la misma alegría y pulso que los actores que simulan ser ciudadanos de París, todos convenientemente embozados por seguridad sanitaria.

Sobre las escenas cumbre que relacionan a Mimí y Rodolfo y que tradicionalmente han polarizado la ópera, se busca esta vez acentuar el componente coral de un grupo de soñadores despreocupados que viven minuto a minuto en su miseria, entregados a su vocación y empeño por disfrutar la vida, ciegos ante su vulnerabilidad.

Aún así, en esa labor de «ensemble» resulta difícil sustraerse a la fuerza lírica de las arias de los jóvenes amantes en el primer acto («Che gélida manina», por Michael Fabiano, y «Mi chiamano Mimí», de Jaho). Ambos han recibido sólidos aplausos a su término, igual que la agonía final de la protagonista, presa de la enfermedad, tras un suspiro de algo menos de dos horas y media que deja roto el corazón.

Javier Herrero, EFE.