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Aly Muritiba, le guarda carcelario en Brasil a potencial candidato al Óscar

 15 noviembre, 2021

Sao Paulo, 15 nov (EFE).- Tras conciliar por años la vida entre la prisión y el cine, el director y exguarda carcelario Aly Muritiba puede llevar a Brasil nuevamente al Óscar, más de dos décadas después de la última nominación, con «Deserto Particular», elegida para representar el país en la disputa de mejor película extranjera.

Antes de construir una carrera en el cine, Muritiba, de 42 años, pasó por varias ciudades y ejerció los más diversos oficios, desde vender billetes en el metro de Sao Paulo hasta actuar como guarda carcelario durante años en una prisión en la región metropolitana de Curitiba, en el sur del país.

Sumergirse en el universo del cine, según recuerda en una entrevista telemática con Efe, nada más fue que un intento de romper y escapar de la «frialdad» de su rutina.

«(En la cárcel) realmente hay que ser duro, crear ciertos mecanismos de protección emocional y psíquica. Pero la armadura que estaba creando para poder resistir a lo cotidiano de aquel lugar pasó a molestarme», por lo que decidió ingresar en una universidad y estudiar cine, rememora.

Pero el director considera que los siete años que pasó como celador fueron «determinantes» para convertirse en el cineasta que es hoy: fue gracias a la dureza de la prisión que comprendió la «complejidad de la existencia humana» y la importancia del diálogo.

«Si tú no sabes dialogar, negociar, si no tienes una buena capacidad de argumentación, de diplomacia, literalmente mueres», sintetiza.

Fue precisamente la similitud entre lo real y la ficción -o «entre la prisión y el plató de filmación»- lo que llevó al desarrollo de un trazo único en las obras de Muritiba, cuyas historias, narrativas y personajes transitan entre variadas capas de profundidad.

En «Deserto Particular», que se estrenará el próximo día 25 y fue elegida para representar a Brasil en los Óscar 2022, además de ganar el premio del público en Venecia, Daniel es un policía atormentado por un error laboral que cruza el país en búsqueda de Sara, una mujer con quien se relaciona virtualmente y desapareció de forma misteriosa.

No tarda para que los protagonistas sean obligados a lidiar con sus dilemas, prejuicios, afecciones e incluso sexualidad.

«Daniel es ese tipo que viene de un ambiente donde yo viví por muchos años, que es un ambiente conservador, autoritario, de control y de embrutecerse», afirma.

Así como la esencia de los personajes, muchos de los elementos retratados en «Deserto Particular» remiten a una memoria afectiva del director, quien asegura que nunca pensó en vivir del cine aunque la vocación para las artes siempre ha circulado por sus venas.

Nacido en Mairi, una pequeña localidad de 19.000 habitantes en el sertón de Bahía, Muritiba pudo conocer a través de dos curas de la Pastoral de Juventud los libros, la música y el teatro.

En la adolescencia, creó junto a unos amigos un cineclub, un grupo teatral, una comparsa de carnaval y el primer desfile de belleza negra de la región, que sigue vivo hasta hoy.

Y es que, si las cuestiones sociales siempre fueron parte de su vida, con el trabajo no sería diferente.

Más allá del amor, «Deserto Particular» también transita por temáticas como la comunidad LGTB, el prejuicio religioso, la toxicidad de las pasiones masculinas o la idealización de las relaciones románticas.

«Abordar esas cuestiones en el filme fue como andar en una cuerda floja sobre un despeñadero todo el tiempo. Porque lidiamos con cuestiones muy sensibles y que vienen siendo blanco de discusiones muy calurosas», matiza.

Otro punto de encuentro entre la cinta y la trayectoria personal de Muritiba reposa en las andanzas: mientras que el protagonista viaja al otro lado del país para encontrar el amor, el director alzó vuelo aún en la adolescencia y arrojó su ancla en el otro extremo de Brasil.

Hijo de un camionero y una ama de casa, abandonó el sertao nordestino por Sao Paulo, pero una arrebatadora pasión lo llevó a Curitiba, donde reside hoy con sus dos hijos.

Y si bien la dirección nunca hizo parte de sus aspiraciones, fue precisamente en Curitiba, una ciudad tradicionalmente conocida por sus heladas temperaturas, donde halló en el cine su boya de salvación.

«Fue el cine que me salvó y, como para mí el cine es amor, fueron el cine y el amor que me salvaron del embrutecimiento», sostiene.

Nayara Batschke, EFE.