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Gabriela Consuegra, un relato de ocho años para asumir la pérdida de su padre

 24 agosto, 2021

Madrid, 24 ago (EFE).- La venezolana Gabriela Consuegra debuta en la literatura con «Ha pasado un minuto y queda una vida» (Temas de hoy), un relato de ocho años que comenzó a escribir por «necesidad» para superar el duelo de su padre y que al final habla de la forma de entender la vida que él le enseñó.

«El libro surge de la necesidad de contar quién fue mi padre y cómo vivió, solo que la muerte y la enfermedad sirven un poco de excusa siempre para hablar de la vida y de cómo él me enseñó a vivir. También está mi proceso de cómo asumir una pérdida tan importante», cuenta la futura periodista en una entrevista con Efe.

La enfermedad de su padre Alvarito llegó de golpe y Gabriela Consuegra (Caracas, 1993), que apenas había cumplido los veinte años por entonces, no entendía el porqué. «Mi padre era el centro y el equilibrio de mi universo y de repente no va a estar más», recuerda.

El relato de ocho años se inició a raíz de un texto «muy potente» que salió tras un curso de crónica en el que la venezolana estaba inscrita: «Mis compañeros tuvieron la generosidad de decirme que había algo más y que lo intentara».

Comenzó así a redactar capítulos muy cortos cada vez que le ocurría algo y le golpeaba mucho o no llegaba a entender, una forma de «gestión emocional».

Su perfección innata hizo que cada párrafo escrito se convirtiera en una frase para potenciar una idea de una forma muy corta, ya que solo así sentía que podía representar los pensamientos de ese momento y finalmente surgieron las 32.496 palabras del libro.

Y es que la novela nació con la idea de «golpear con cada frase», aunque poco a poco fue mutando: comienza con la enfermedad, más tarde le siguen la muerte y el duelo y finalmente el círculo se cierra de una forma «fantástica» con la vuelta de la vida.

«La vida se sobrepone a todo, incluso a la muerte, y eso a mí me parece fantástico y personalmente me llenó de mucha esperanza y al final el libro que iba sobre la muerte de mi padre se convirtió en un libro sobre su vida y sobre cómo él me enseñó a mí y a mi familia a vivir y a vivir mejor», siente.

Al echar la vista atrás a las primeras páginas de un libro que aún no ha podido leer del tirón nota dolor. «El dolor es el mismo que el día uno desde que entendí que mi padre iba a morir. Lo que cambia es como tú lo asumes. Al final es tu convivencia con ese dolor y con ese espacio vacío», asegura.

El deseo de la joven estudiante de Periodismo y amante de la literatura siempre fue ser escritora: «Yo siempre quise escribir y desde muy pequeñita fantaseaba con esa idea, pero cuando me ha tocado escribir este, dejaría todo por no tener que escribirlo jamás».

Con su novela de no ficción «Ha pasado un minuto y queda una vida» siente que puede ayudar a jóvenes que se encuentran en la misma situación.

«Sin ninguna pretensión y desde la humildad siempre traté de escribir el libro que necesitaba leer porque entiendo que mucha gente joven perderá a sus padres también y quizás les pueda servir».

La «dura» realidad de Venezuela le hizo tomar la «dolorosa, pero correcta” decisión de abandonar el país una semana antes de que su padre falleciera, exiliándose a Galicia donde reside actualmente en busca de oportunidades: «Es casi una promesa de que yo me voy a encargar de que todo lo que venga sea mejor».

Todo el proceso vivido le ha enseñado lecciones valiosas para la vida: «Así como no te alcanzas a imaginar el dolor que vas a sentir con esa pérdida, tampoco te imaginas la maravilla que viene después de realmente llevar a la gente contigo. Siento que, si supiéramos eso, quizás lo llevaríamos mejor».

Consuegra se complace ahora con cosas mucho más pequeñas. «Entiendo mucho más a mi padre que vivía de esa forma y creo que en mi caso la literatura me obligó a hacer ese proceso y ese cambio. La vida no es la que hemos vivido sino la que uno recuerda. La memoria puede ser una autolesión», apostilla.

Brian Bujalance

(c) Agencia EFE