Expresidentes de Centroamérica piden un acuerdo regional contra la violencia

16 de marzo de 2016
Expresidentes de Centroamérica piden un acuerdo regional contra la violencia

Washington, 16 mar (EFE).- Cinco expresidentes centroamericanos subrayaron la necesidad de un nuevo acuerdo regional para combatir la desigualdad y la violencia en América Central, en una conferencia en Washington en la que pidieron rescatar el espíritu de entendimiento que permitió pacificar la región en los años ochenta.

El evento, titulado “Centroamérica en la mira”, reunió en la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA) a los expresidentes de Guatemala Vinicio Cerezo y Álvaro Colom, al exmandatario de El Salvador Armando Calderón Sol, a la expresidenta de Costa Rica Laura Chinchilla y al exgobernante panameño Nicolás Ardito Barletta.

“Necesitamos de nuevo sentarnos a revisar cómo podemos solucionar los problemas con una visión regional y buscar un nuevo modelo de desarrollo destinado a crear instituciones para que el crecimiento económico favorezca a todos los sectores de la población”, dijo Cerezo, quien lanzó la idea de un nuevo pacto en la región.

El exmandatario guatemalteco urgió a los actuales líderes de Centroamérica a crear un nuevo marco de trabajo inspirado en el espíritu de las Esquipulas I y II, unos acuerdos firmados en 1986 y 1987, respectivamente, que condujeron a la paz para salvar a la región de la violencia, el crimen organizado y la exclusión social.

“Debemos buscar las Esquipulas III”, insistió Cerezo, en una propuesta que fue avalada por el resto de expresidentes participantes en el encuentro, organizado por la Fundación Esquipulas para la Integración Centroamericana con el fin de celebrar el trigésimo aniversario de estos acuerdos de paz.

Los expresidentes de Guatemala, El Salvador, Costa Rica y Panamá coincidieron en diagnosticar que los problemas que atraviesa la región son causados por la incapacidad de trasladar los avances macroeconómicos a los sectores más desfavorecidos, lo que se convierte en un “caldo de cultivo” de violencia para las pandillas y las organizaciones narcotraficantes internacionales.

Según destacó Ardito Barletta, el sector que más sufre la violencia en estos países son los jóvenes, por lo que hizo un llamamiento a dar una oportunidad de inclusión social a la juventud “mediante el fomento de la educación y la salud públicas al mismo tiempo que se fortalece la capacidad privada”.

“Nuestros jóvenes son las principales víctimas de la violencia porque mueren o están en las cárceles en lugar de ir a la universidad”, corroboró Laura Chinchilla, cuyo mandato terminó hace dos años.

Chinchilla consideró que la región necesita “más transparencia, más estado de derecho y menos impunidad”, pero hizo hincapié en que Centroamérica no será capaz de superar sus problemas sin una mayor “corresponsabilidad de la comunidad internacional” por una situación que se alarga desde la Guerra Fría.

En el mismo sentido, el salvadoreño Armando Calderón Sol recordó que su país, con una tasa de 23 homicidios diarios, sufre más muertes ahora que en la guerra civil (1980-1992), algo que solo se puede superar a través de la creación de empleo para la juventud y de la cooperación entre los distintos países de la región.

“Ojalá nuestros líderes actuales pudieran retomar y reinventar esa armonía centroamericana que nos dio tanta paz. Existe una tarea para hacer muy fuerte para lograr algo que soñamos de corazón muchos centroamericanos”, coincidió Colom.

En la conferencia también participó el secretario general de la OEA, Luis Almagro, quien invitó a los países de América Central a enfrentar los retos en materia de seguridad, pero también la corrupción y la impunidad, unos males que “erosionan la democracia, generan desconfianza y una perenne sensación de injusticia a la sociedad”.

Según un informe de la ONU relativo a 2015, la impunidad, la corrupción y la debilidad de las instituciones están relacionadas con el aumento de violencia y la lucha de los grupos delictivos por hacerse con el control de la distribución de drogas en la región, que todavía sirve como un lugar de tránsito hacia el mercado estadounidense.