Emilia Pardo Bazán ya era ‘influencer’ hace un siglo

17 de enero de 2021
Emilia Pardo Bazán ya era ‘influencer’ hace un siglo

A Coruña, 17 ene (EFE).- Erudita, visionaria, seductora, admirada y criticada, la escritora Emilia Pardo Bazán no estaba interesada en ser también ‘influencer’, pero su pasión y conocimiento de la moda la llevaron a vestir a la última y a caracterizar personajes en sus cuentos y novelas como auténticas ‘fashion victim’.

Rosa Neira (Memorias de un solterón), Pilar Gonzalvo (Un viaje de novios) o Espina Porcel (La quimera) son algunas de las adictas a la moda en la narrativa de Pardo Bazán, que conecta muy bien el mundo de la moda con la psicología humana, por lo que estas mujeres no serían tan complejas ni interesantes si la escritora no hablase de sus vestidos o de su obsesión por los trapos.

Presumida y moralista, utilizaba todo lo que le iba bien, le gustaba lucir la moda pero era prudente, hasta el punto de que dice que en París “se llevan escotes vergonzantes”, explica a Efe la profesora de Historia y doctora Blanca Rodríguez, que acaba de defender su tesis doctoral en la Universidad de A Coruña sobre la moda en Emilia, dirigida por José María Paz Gago, coordinador del seminario internacional que protagonizará la escritora este año.

“Seducía más por su inteligencia y sentido del humor y sorna que por su aspecto, de hecho era muy consciente de su físico”, pero consideraba que las mujeres no tenían por qué renunciar a tener buen aspecto y ser a su vez inteligentes, todo cabía”, añade Rodríguez.

Emilia lamentaba tener un “cuerpo del demonio” y se quejaba en sus cartas a Galdós de no ser una “aérea sílfide”, lo que no impedía que sus modistas en A Coruña y Madrid le hicieran vestidos y corsetería que veía en sus viajes a París, donde observaba y escribía detalles sobre trajes, peinados o sombreros que incorporaba a su atuendo.

Madame Leseelleur le confeccionaba trajes según la moda parisina, Las Virtudes le hacían la lencería, en A Coruña la modista Elisa le cosía los patrones parisinos, al igual que otras costureras de Madrid, a las que encargaba los vestidos que veía en la capital francesa y en las revistas de moda que compraba sobre las nuevas tendencias.