El periodista que rebatió a dictador Videla sobre los detenidos desaparecidos

25 de marzo de 2016
El periodista que rebatió a dictador Videla sobre los detenidos desaparecidos

Rodrigo García

Buenos Aires, 25 mar (EFE).- “No está ni muerto ni vivo, está desaparecido”. Cuando Jorge Videla pronunció esta frase en 1979, el periodista a quien iba dirigida cumplió con su “conciencia” al rebatir al dictador sobre el más oscuro de los horrores del último régimen de facto argentino, de cuyo inicio se cumplen 40 años.

“Yo tenía el cargo de conciencia de que la cuestión de los desaparecidos había que plantearla. No me dejaba tranquilo el no poder decirlo abiertamente”, cuenta a Efe José Ignacio López, quien a sus 79 años no olvida el “miedo” con que en aquellos últimos años 70 se trabajaba en las redacciones de cualquier medio informativo.

Fue en el último año de la década, cuando, como presidente de facto, Videla dio una rueda de prensa, inmortalizada en un vídeo que todavía hoy se puede encontrar en internet, en la que López le preguntó sobre una mención que el papa Juan Pablo II hizo en un Ángelus días antes sobre la desaparición de personas en Argentina.

“Frente al desaparecido en tanto esté como tal, es una incógnita el desaparecido. Si el hombre apareciera tendrá un tratamiento x, si la aparición se convirtiera en certeza de su fallecimiento tiene un tratamiento z, pero mientras sea desaparecido no puede tener un tratamiento especial”, arrojó el dictador sin indulgencia alguna.

A lo que añadió: “es un desaparecido, no tiene entidad, no está ni muerto ni vivo, está desaparecido. Frente a eso no podemos hacer nada”. Una frase que pasó a la historia como parte del horror de aquel periodo dictatorial, que se extendió desde 1976 a 1983.

Por delitos de lesa humanidad cometidos contra los que “no están”, unos 30.000 según organismos de derechos humanos, Videla, quien falleció en la cárcel en 2013, fue procesado, sometido a juicio y condenado a reclusión perpetua, pero no se arrepintió nunca e incluso reivindicó el accionar del régimen militar.

Militantes políticos y sociales, de grupos revolucionarios armados y no armados, trabajadores, sindicalistas, estudiantes, artistas y religiosos fueron secuestrados, torturados y desaparecidos, y forman parte de la lista de personas de las que no volvió a saberse más.

“Se trabajaba con miedo, jugando con la censura directa y con algo peor, que es la autocensura, acompañada por compañeros periodistas que desaparecían y con actos de violencia de todo tipo”, añadió López, que ya en noviembre de 1976 pudo salvar su vida y la de su familia de la explosión de una bomba en su propio domicilio.

Aunque nunca llegó a saber quién o quiénes fueron los artífices del ataque, el comunicador, que comenzó su trayectoria en el diario La Nación a comienzos de los 60 y llegó a ser portavoz del primer presidente de la actual democracia argentina, Raúl Alfonsín, reconoce que aquel susto no le hizo amedrentarse.

“Si era por el susto, el miedo no lo dejé de tener, pero si era para que me fuera (del país), no me fui”, añade el periodista con aplomo para asegurar que recibió llamadas de la cúpula militar para notificarle que “ellos no habían sido”.

“También el general (Roberto) Viola me llamó en esos días para decirme ‘cuídese’. Y yo le dije: ‘¿de qué me tengo que cuidar?'”, señala.

Entre 1975 y 1977 López se desempeñaba como secretario de redacción en el diario La Opinión, tiempo en el que él y colegas de profesión “más de una vez” se habían cuestionado los procedimientos de la junta militar al frente del Gobierno.

Es así que un día de 1979 y ya trabajando para la agencia Noticias Argentinas, decidió valerse de la inquietud del papa para preguntarle a Videla por la situación de los detenidos sin proceso.

“La primera respuesta de Videla es larguísima: toda una exégesis de la doctrina social de la iglesia. Él termina diciendo ‘bueno, no sé si he contestado todo’, mirándome a mí. Y como no me había contestado le insistí y le volví a hablar de los desaparecidos y es ahí donde él construye esa aberración: ‘Los desaparecidos no son, no están'”, recuerda.

En cuanto al porqué de atreverse a cuestionar en ese momento a Videla, en pleno apogeo de la dictadura, López, con un primo entre los desaparecidos, es tajante.

“Lo hice porque yo quería estar tranquilo conmigo, con mi conciencia”, asevera.

Hoy, justo cuando se cumplen 40 años del golpe de Estado que en tiempos convulsos derrocó a la por entonces presidenta María Estela Martínez de Perón e instauró la dictadura, López recuerda cómo aquella noche era “vox pópuli” que iba a pasar “lo que pasó”.

“Todo el mundo esperaba que ocurriera lo que ha ocurrido tantas otra veces, la intervención militar en la vida política de los argentinos, una historia trágica y lamentable que tiene muchos años más que 40”, sentencia.

“Eso absolutamente se le puso fin. Y yo guardo el orgullo de haber trabajado al lado del presidente que le puso fin. En realidad le pusieron fin los argentinos pero con ese presidente”, concluye López en referencia al histórico juicio a las Juntas Militares que en 1985 se llevó a cabo durante el mandato de Alfonsín (1983-1989).