El arte del “rociador de Zúrich” es reconocido tras décadas de persecución

13 de julio de 2020
El arte del “rociador de Zúrich” es reconocido tras décadas de persecución

Antonio Broto
Ginebra, 13 jul (EFE).- Cuatro décadas después de que comenzara a hacer pintadas en las calles, lo que le costó el apodo de “rociador de Zúrich”, una condena a prisión y hasta el autoexilio en Alemania, el artista Harald Naegeli ha visto a sus 80 años como su obra es reivindicada, premiada y reconocida en su Suiza natal.
El gran exponente del arte urbano suizo, conocido por sus personajes de líneas negras, alargados y esqueléticos, bailando en las paredes de garajes y otros lugares de Zúrich, acaba de recibir el premio anual de arte de la ciudad suiza, 40 años después de que en ella le condenaran a nueve meses de prisión por vandalismo.
“El arte no siempre significa seguir todas las reglas”, señalaba la alcaldesa de Zúrich, Corine Mauch, al conocerse el premio con el que el gobierno local quería reconocer una forma de expresión que “desafió la noción normativa y la dominante interpretación institucional de la obra artística”.
El premio incluye una partida de 50.000 francos suizos (47.000 euros), apenas la mitad de la multa que Zúrich le impuso en los años 80 por unos grafitis considerados entonces una forma de ensuciar las calles y hoy una muestra del talento artístico de Naegeli.
Tras ser condenado en 1981, el artista huyó a Alemania, aunque regresaría a su país y cumpliría la pena de prisión tres años después, pese a que varios artistas habían firmado una carta solicitando que fuera indultado.
Volvió a dejar Suiza en los años 80 para asentarse definitivamente en la ciudad germana de Dusseldorf, donde ejerció como profesor de arte y aún reside en la actualidad.
Muchas de las pintadas del artista en Zúrich, también las que hizo en décadas más recientes, durante visitas esporádicas a su país natal, fueron borradas por las autoridades, pero su obra comenzó poco a poco a ser reconocida como artística, y en 2004 ya se ordenó proteger una de sus obras, denominada “Undine”.
Pintada en un edificio universitario en 1978, era uno de los pocos grafitis de la época inicial de Naegeli que había sobrevivido a los servicios de limpieza zuriqueses, y actualmente se conserva tras una protección plástica similar a la de los museos.
Sin embargo, el “rociador de Zúrich” nunca ha dejado de tener enfrentamientos con las autoridades de la ciudad suiza, que en 2017 le acusó de haber hecho una veintena de grafitis en las calles del centro urbano entre 2012 y 2013, un pleito que el artista resolvió ofreciendo al municipio una de sus pinturas.
Incluso en meses recientes, durante el semiconfinamiento ordenado por el Gobierno suizo durante la pandemia de COVID-19, han aparecido pintadas de un estilo muy similar al de Naegeli en lugares emblemáticos de Zúrich, como el museo local Kunsthaus, uno de los más prestigiosos del país.
Los responsables de la galería de arte no tuvieron en cuenta el creciente reconocimiento de Naegeli, ya que presentaron una queja por la pintada, que representaba una macabra danza de esqueletos, y la borraron.
Sin embargo, otros cinco grafitis recientes sí han sido incluidos en el inventario artístico bajo protección del municipio, así como otras seis que se conservan de Naegeli pintadas en los años 70, localizadas en aparcamientos subterráneos de la ciudad.
Zúrich, una ciudad que combina el aire medieval de sus calles con una escena cultural joven y contemporánea muy dinámica, advierte sin embargo a sus ciudadanos que las pintadas callejeras siguen siendo ilegales y sujetas a posibles sanciones.
Con formación clásica en la Escuela de Bellas Artes de París, Naegeli defendió en las últimas décadas que su arte callejero era una contestación al creciente “anonimato” que en su opinión sufría Zúrich, más conocida por sus bancos que por su cultura. EFE
abc/amg
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