Coproduccion hispano-chilena de Theo Curt compite en Festival de Gijon

18 noviembre, 2019
Coproduccion hispano-chilena de Theo Curt compite en Festival de Gijon

Gijón (España), 18 nov (EFE).- El director hispano-chileno Théo Court destacó este domingo el silencio sobre el genocidio de los indígenas Selknam durante la presentación de su película «Blanco con Blanco», en el Festival Internacional de Cine de Gijón.
La película es una coproducción hispano-chilena que compite en la sección oficial de la 57 edición del certamen, y que ya ganó en septiembre el Premio a la Mejor Dirección de la Sección Horizontes de la 76 Mostra de Venecia, y en este festival se proyectó en España por primera vez.
Court explicó hoy en rueda de prensa de prensa que su segundo largometraje es un «western atípico», rodado en localizaciones de las Islas Canarias y del oeste de Tierra del Fuego, que busca reflexionar sobre el poder de manipulación de las imágenes.
El realizador estuvo acompañado por el actor Lars Radolph, la actriz Lola Rubio y el productor y director de fotografía, José Aloyón.
Impresionado por las fotografías que retrataban distintas escenas de las «cacerías» de indígenas por colonizadores, Court explicó que decidió rodar una película con el personaje del fotógrafo que había tomado esas imágenes como protagonista de la película.
Pedro, interpretado por Alfredo Castro, llega a Tierra del Fuego a principios del siglo XX para fotografíar el matrimonio de Mr. Porter, un poderoso latifundista, con su futura esposa que apenas es una niña y que adquiere un halo de sensualidad adulta ante la cámara del retratista.
La distancia que separa la realidad de la inocencia de la niña de las imágenes erotizantes que transmiten las fotografías, le ha hecho reflexionar al director sobre la capacidad de manipulación que tienen las imágenes y se volvió inspiradora como metáfora de la historia que quería contar en la película.
Court afirmó que «no se habla» del genocidio de los Selknam u Onas, que vivían de la caza y de la pesca, se vestían con pieles de guanacos y practicaban ritos de iniciación a la edad adulta, y cuya cultura es poco conocida en la actualidad.
Su película es una forma de traer al presente un pasado desconocido por muchos y poner luz sobre episodios de barbarie que se justificaron en nombre del progreso.
El director explicó que el paisaje era esencial en la narración, por lo que buscaron localizaciones en la parte chilena de la isla de Tierra del Fuego y en la isla canaria Tenerife, donde el volcán Teide adquirió un protagonismo especial.
Rodar en dos escenarios con climas y luces tan distintas fue un inconveniente que finalmente pudo resolverse con un buen trabajo de fotografía y un montaje minucioso. EFE
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