Bortolini se conmueve por los dos goles que jamás anotó

3 de abril de 2016
Bortolini se conmueve por los dos goles que jamás anotó

México, 3 abr (EFE).- Con 42 años y par de kilos de más en su anatomía de atleta, el brasileño Savio Bortolini sacó hoy en México la veta nostálgica que sigue como un perro a los futbolistas retirados y volvió a vivir dos de los goles más importantes de su vida, aunque fueron convertidos por otro.

“Son dos goles que llevo en mi corazón, le puse par de asistencias a Raúl y empatamos 2-2 en Camp Nou en el derby de la temporada 1999-2000; hoy me he sentido tan feliz como entonces”, dijo a Efe Bortolini, una de las leyendas del fútbol invitado a ver el clásico en un lujoso hotel en los lindes de la capital mexicana.

Fue un evento organizado por una empresa telefónica internacional, que puso una pantalla gigante y llevó a varias de las figuras históricas del fútbol español para que respiraran el mismo aire por 90 minutos, como solían hacer en la cancha en sus años mozos.

Bortolini, mediapunta del Madrid entre 1997 y 2002, se encargó de “marcar” al volante retirado del Barza Edmilson y entre ambos, micrófono en mano, dieron a los neófitos las claves o qué había que hacer para que el partido estuviera menos aburrido.

Celebraron poco, se tomaron en serio la tarea de comentar para hinchas conocedores y sus acompañantes, pero cuando se confirmó el triunfo del Madrid 1-2, Savio reconoció haber regresado al instante de alegría infantil vivido en el siglo pasado al lado de Raúl.

Unas 250 personas se concentraron en una sala en el sótano del hotel y, aislados del mundo, por casi dos horas jugaron a que estaban en el Camp Nou.

Unos con cervezas en la mano, como en los estadios, otros atentos al partido y con reclamos al árbitro; solo se distrajeron en el medio tiempo, cuando se le fueron encima a las figuras y se tomaron ‘selfies’ con el neocaledonio Christian Karembeu, el entrenador de la selección mexicana, Juan Carlos Osorio, y con el búlgaro Hristo Stoichkov.

Vestido con una camiseta roja con un número ocho, Stoichkov llegó a la sala con barba de un día y quizás presentía la derrota del Barça, el equipo de sus amores, porque su mirada fue severa, como de maestro de escuela, y al primer hincha merengue que le pidió tomarse una foto, se la negó por estar vestido de blanco.

Con su pelo canoso parecía un abuelo erudito, menos enojado mientras cambió ideas con Osorio, pero solo se le vio tomar poses humanas un par de veces, una de ellas en el minuto 80, cuando le anularon un gol al Madrid y se burló de los madridistas.

La otra fue quizás su único instante claro de un sábado negro para el jugador búlgaro. Ocurrió cuando una niña vestida de negro y con una mata de pelo del color de su ropa le pidió una firma, le dijo que se llamaba Sophi y obligó a Hristo a ponerse en cuclillas y, ya a la altura de la chica, decirle algo cerca del oído.

Pasada la tregua, su imagen dejó de ser protectora y salió de la sala con la cara arrugada y muchos años más que dos horas antes. No contestó a los periodistas y se perdió en una ola de personas de la urbe mexicana, muy alejada del mar.

“Difícil que el Barcelona pierda la liga, pero ha sido una victoria hermosa. Fueron cinco años en el Madrid y este triunfo nos viene muy bien”, insistió Savio que volvió a sentirse el escudero fiel de Raúl, a quien le gusta ver en estos días en el Cosmos de la MLS porque eso le confirma que el goleador de su tiempo siempre fue un tipo destinado a otra galaxia.