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Palestinos, ante la destrucción en Netzarim tras la retirada israelí: «Esto no es vida»

 10 febrero, 2025

Ahmad Awad

Gaza, 10 feb (EFE).- Tras la retirada israelí del importante corredor Netzarim que divide el norte y el sur de la Franja de Gaza, los palestinos Salama y Ali han encontrado este domingo tanta desolación y destrucción que no ven con malos ojos los planes de deportación de los gazatíes del presidente estadounidense, Donald Trump.

«Esto no es vida», resume a EFE el palestino Salama Tayzir el Yadchi al volver por primera vez desde el inicio de la guerra al norte de Gaza y observar las ruinas dejadas por el Ejército israelí, que hoy se retiró por completo del corredor Netzarim, que una carretera artificial este-oeste que divide en dos el enclave.

Como otros muchos palestinos, Salama, nacido en 1983, ha accedido al norte de Gaza por la carretera Salah Din a través de Netzarim, ocupado militarmente por Israel desde el inicio de la guerra en octubre de 2023.

Sin panaderías

El gazatí, vestido con una sudadera granate, señala las ruinas de una panadería y dos edificios de cuatro y cinco plantas donde vivían más de una docena de familias.

«Las panaderías deben funcionar para garantizar el pan de la gente. No tienen gas, ni electricidad. La gente necesita pan», lamenta Salama.

Ante el desánimo, el palestino hasta contempla como deseable el plan de Trump de deportar a los habitantes de Gaza a Líbano y Egipto, una idea criticada por la ONU y numerosos países árabes y europeos, incluidos Alemania y España.

«Con la situación en la que nos vemos, el desplazamiento es mejor de lo que estamos viendo. ¿Dónde vas a quedarte? No entendemos nada. El desplazamiento es mejor. Vamos a quedarnos cada dos o tres años viviendo cada vez entre reconstrucción y destrucción», expresa Salama, que añade que están cansados al haber perdido todo.

«Esto es el esfuerzo de cuarenta años. Cada dos o tres años hay guerra y escalada. Esto no es vida», asevera.

Ali Bandar Ferwana, de 20 años, también revela a EFE una profunda desesperación al encontrar las ruinas del edificio de apartamentos de cinco plantas donde vivían en la aldea Sarim.

Al ser preguntado por los planes de Trump, Ali opina que no ve futuro en Gaza para poder conseguir educación, cultura o cobijo, al calificar de «insoportable» la desolación del lugar.

«Para ser sincero contigo, a nosotros nos hubiese gustado quedarnos en Gaza, independizarnos, estudiar en ella, pero con este escenario ahora y la cantidad de ruinas, estoy de acuerdo con la deportación», explica en la carretera Salah Din hacia el norte.

Muertos cerca de la frontera con Israel

Incluso tras la retirada, el Ejército israelí mató hoy a al menos tres palestinos al alegar que se acercaron demasiado a una zona de repliegue de las tropas en Netzarim junto a la frontera de Israel.

EFE pudo ver a familias volviendo al norte de la Franja a primera hora de la mañana cruzando el Corredor Netzarim, donde no quedan estructuras en pie y las carreteras están muy dañadas.

El hedor presente en la zona hacía pensar que probablemente queden cadáveres enterrados bajo la arena. Algunas familias rebuscaban entre los escombros algo de ropa o suministros que poder rescatar. En una zona antes asfaltada, ahora hay un entorno de arena y barro con huellas de tanques israelíes.

Algunos palestinos buscan también entre los puestos militares abandonados donde aún queda munición y explosivos sin detonar.

La retirada de Netzarim fue decidida en el alto el fuego que entró en vigor el pasado 19 de enero entre Israel y Hamás para frenar las hostilidades en Gaza y realizar un intercambio de rehenes israelíes bajo el grupo palestino islamista y prisioneros palestinos en cárceles israelíes.

Israel ya se retiró parcialmente del Corredor Netzarim hace casi dos semanas, pero mantenía algunas posiciones en el lado este de la carretera (el más cercano al territorio israelí).

En adelante, las fuerzas israelíes estarán desplegadas solo en el corredor Filadelfia (junto a la frontera con Egipto) y en la «zona de amortiguación» de hasta un kilómetro de ancho que separa Gaza de Israel.

Pese al pesimismo expresado por Salama y Ali, otros palestinos que volvieron a finales de enero al norte de Gaza, con un 90 por ciento de los edificios arrasados, expresaron su deseo de quedarse pese a la destrucción.

Hasta Ali se anima algo cuando encuentra la plancha que le trae buenos recuerdos porque la usaba para planchar los pantalones y la camisa que se ponía para ir a la universidad.

«Vivíamos bien, salíamos. Gaza era bonita, estaba arriba, ahora se echó abajo», dice. EFE

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